En el sexo uno no debe pensar sino debe sentir

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Es usual que al consultorio lleguen personas con algún tipo de disfunción sexual, en el caso de los hombres los casos más frecuentes son los problemas de erecciones o el control de la eyaculación; por otro lado, en las mujeres predomina el bajo deseo sexual, la incapacidad para tener orgasmos o los dolores vaginales durante la penetración.

Si bien, todos ellos pueden tener un origen orgánico, es decir, podría ligarse a problemas cardiovasculares, neurológicos, prostáticos, etc. la gran mayoría de veces está relacionado a aspectos psicológicos, es decir, la causa del no poder disfrutar adecuadamente de su vida sexual, del sentir placer y llegar a orgasmos tiene sobre la base aspectos emocionales que se conectan con estresores que bloquean mentalmente a la persona.

Para hacerlo más simple. Imaginemos a una pareja heterosexual (hombre y mujer) está en la cama y la escena se presta para un encuentro sexual, ambos desean tener un orgasmo, momentos de intimidad de pareja, sentirse deseados, besarse, disfrutar de un buen sexo oral, satisfacer a la pareja y sentirse satisfechos, practicar algunas poses sexuales, etc.

En resumen, esta pareja desea tener una combinación de placer y de intimidad. Pero cuando ambos comienzan a besarse, ¿realmente estarán pensando en lo mencionado? Aparentemente la respuesta podría ser que sí; pero falso.

En ese instante comienza cada uno a preguntarse de manera silenciosa: ¿me veré gorda? ¿Sentirá que no me he depilado? ¿Estaré oliendo rico? ¿Cómo pongo una voz seductora? ¿Le hablo o no? ¿Qué puedo decir para encender más el momento? ¿Y si se despiertan los niños? ¿Si le toco esta parte le dolerá? ¿Cómo hago para que tenga un orgasmo? ¿Cómo hago para durar sin perder la erección? ¿En qué pienso para no terminar rápido? ¿Si le sugiero esta pose pensará mal de mí? ¿Y si falla el método anticonceptivo? ¿Y si me duele? ¿Cómo le digo que me estimule esta parte? ¿Cómo hago para que mi pene se vea grande? ¿Seré mejor amante que su ex? ¿Y si no llega al orgasmo? Y etc.

Entonces, no es raro que si las parejas dicen que desean intimidad y placer, pero se pasan la gran parte del acto pensando en cualquier cosa y desconcentrados del momento erótico y sexual, es obvio que finalmente se sentirán decepcionados y frustrados de ese encuentro; pero, para no sentirse mal uno mismo ni con la pareja es que se opta por el “As bajo la manga”: Fingir orgasmos. Fingir placer. ¿Para qué? Para que ambos validemos el momento de pareja.

El problema es que no hablamos de cómo nos sentimos, de qué es lo que queremos y pasamos todo el acto sexual intentando adivinar cómo podemos llegar al orgasmo, como una guía sin ruta. El sexo es como un buffet, cuando vamos a uno solemos servirnos lo que nos gusta y vamos probando y saboreando distintos platos, y a veces repetimos más de lo mismo. Al final quedamos tan satisfechos que no hay espacio para el postre, pero no importa porque fue rico el comer. En el sexo el postre es el orgasmo. El problema es cuando queremos llegar rápido al postre y no saboreamos cada bocado.

Por ello, si deseas sentir placeres y sentir orgasmos, hay que empezar a sentir y dejarse llevar sin estar pensando en cómo hacerlo.

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