Elogio del caviar

En el Perú, las palabras extranjeras suelen traducirse mal y entenderse al revés. Ocurre con la palabra turca caviar, que designa la huevera del esturión. Los rusos la convirtieron en un bocado de lujo.

En Rusia soviética probé un par de veces el caviar, y debo reconocer que merece su buena fama mundial. El caviar tenía entonces dos versiones: una preparada por gastrónomos especialistas, y otra sin mayores aderezos, destinada al consumo popular.

En nuestro país se ha extendido un uso peyorativo del término. La ultraderecha ha bautizado como izquierda caviar a la capa intelectual de clase media surgida en los años 70 del siglo pasado. Error de traducción y de puntería, porque acá ese sector denostado de la izquierda no conoce el caviar ni de vista.

El uso político de las hueveras lo concibió la derecha francesa, en la época en que Argelia había emprendido la lucha armada por su liberación. Fue el etnólogo francés Jacques Soustelle quien lo usó para desacreditar a los franceses que eran partidarios de la liberación de Argelia. Entre los aludidos estaban Jean Paul Sartre, Albert Camus, los pintores Pablo Picasso y Chagall.

Soustelle, estudioso de las civilizaciones mesoamericanas, antifascista, miembro de la Resistencia antinazi y ministro de Charles de Gaulle en la época del exilio en Londres, viró a la derecha en los días de la guerra en Argelia. En esa etapa acuñó el epíteto la gauche caviar. La izquierda caviar.

Lo cuenta así Jean Daniel en el libro Ese extraño que se me parece:

“En cuanto a lo de pertenecer a la gauche caviar, se olvida que esa expresión nació en la guerra de Argelia, cuando Jacques Soustelle denuncia a los ‘cuatro grandes periódicos de la traición’, L’Express, France Observateur, Le Monde y Témoignage chrétien, y condena violentamente el Manifiesto de los 121 (llamamiento de los intelectuales a la insumisión durante la guerra de Argelia), declarando en esencia: es un manifiesto firmado por burgueses que jamás han padecido sufrimientos ni penurias y cuyos decretos arbitrarios y gratuitos son producto de la vida que lleva esa gauche caviar. La expresión ha tenido gran éxito, pero en su origen no puede referirse a L’Observateur. No está de más recordar a los que siguen perpetuando ese cliché en nuestro cuarenta aniversario que durante veinte años fuimos pobres. La revista no ganaba dinero y nadie probaba el caviar”.