El triste trillón de Trump

Donald Trump

El triste trillón de Trump me recordó a “los tres tristes tigres que comían trigo sentados en un trigal. Sentados en un trigal, en tres tristes platos, comían trigo tres tristes tigres.” Entre la lúdica y graciosa inocencia del trabalenguas y la desaforada propuesta del actual presidente de los Estados Unidos, sentí que cabían y caben todas las calamidades imaginables.

Un mundo que potencialmente lo tiene todo para sostener una humanidad con sus necesidades primarias satisfechas, parece empeñarse, impulsado por los dueños del poder, en marchar a un abismo que posiblemente no tenga camino de retorno.

Un abismo en el caeremos todos, incluido el recuerdo de los tres tristes tigres y las abundantes y fascinantes manifestaciones de la creatividad humana. Todo por nada. Una disputa infantil destinada a acrecentar el miedo para seguir reduciendo las libertades y aumentando las ganancias de aquellos de los que Baltazar Gracián decía; “quieren consumir en un día lo que no podrán digerir en el resto de su vida”.

Trump quiere dejar su impronta en el planeta. Virtud casi normal en quien ha elogiado públicamente el tamaño de su pene. Ha dicho, quizá para honrar a sus genitales, que desatará “furia y fuego como el mundo no ha visto antes”.

Me pregunto: ¿lo excitará hacer afirmaciones tan delirantes? ¿Tendrá una idea, aunque sea aproximada, de la “furia y fuego” que ya ha padecido la humanidad por culpa de tipos como él o por la idiotez crónica de los fanáticos?, ¿Sabrá que impulsar más odios y más afanes de revancha, solo conduce a una guerra continua?, ¿Creerá que esa guerra continua (en la que de alguna manera ya estamos) favorecerá el desarrollo de la industria de armamentos que tan buenas ganancias reditúan a su país?, ¿Es Trump dueño de sus decisiones? Supongo que no, todo esto es como un gran espectáculo, un “Cirque du Soleil” a la inversa, honrando la muerte y no la vida. Aplaudiendo la torpeza y maldiciendo la sensatez. Lo afirmo pues Obama, que para algunos es la contracara de Trump, impulsó un proyecto de 1 billón de dólares para modernizar el arsenal nuclear. Ni el delirante Baby Bush se había atrevido a tanto.

Actualmente la superpotencia tiene 4571 ojivas (tenía 19.000 en 1991). Suficientes para convertir al planeta Tierra en una brizna de polvo. Ahora Trump amenaza pasar del billón al trillón en inversiones destructivas y es posible, no tengo la información, que el Reloj del Apocalipsis (tiempo de vida que le quedaría a la Tierra teniendo en cuenta los factores de destrucción existentes) avance un minuto.

En 2015 estábamos a 3 minutos de la medianoche, es decir a 3 minutos del final. El trabalenguas de los “tres tristes tigres” lo podíamos resolver practicando, el dilema del triste trillón de Trump nos coloca en una posición de observadores pasivos que resulta angustiante y desalentadora. Sobre todo cuando comprobamos que los medios de comunicación de masas, que son quienes podrían crear conciencia de los peligros que nos acechan, siguen actuando como si todo se tratara de un simple transacción comercial más.

Aunque no hay publicidad directa de la guerra, hay empresas que están ligadas, bajo otros rubros, a ese sucio y criminal negocio. ¿Cómo van, esos monstruos modernos de la comunicación, desalentar a sus anunciantes que tan cómoda y ufanamente les permiten vivir?

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