El sexo y el deporte

En la cultura grecorromana existía la creencia que el semen era una especie de pócima mágica que podría generar maravillas como transmitir sabiduría y además daban fortaleza y virilidad a los hombres, y que si eran extraídas innecesariamente del cuerpo hacía que el varón baje su rendimiento físico. Igualmente, en la cultura oriental, el semen contenía energía en el hombre y que con el coito y luego la eyaculación hacía que la mujer se recargara de energía corporal mientras el hombre quedaba laxo por la descarga energética.

Con el paso de los años, en nuestra cultura más occidental y cristiana, el sexo al volverse tabú y prohibido, había que buscar la excusa perfecta para señalar que no venía a bien cuando no tenía un fin netamente reproductivo y más bien era placentero (entendiendo el placer como algo inmundo, por no decir satánico).

Es así, que hemos crecido creyendo que la masturbación es mala, es prohibida y que podría dejarte bruto, torpe o generarte alguna malformación; de allí, que hasta el día hoy, cada vez que un hombre (sea adolescente o adulto) falla un pase o un gol en un partido o en una pichanga de barrio se le tilda de “pajero” (es decir, que por haberse masturbado mucho ha perdido puntería, energía o es malo jugando).

Los estudios científicos han demostrado que no existe ninguna correlación significativa entre personas deportistas o no que luego de haber tenido sexo hayan bajado su rendimiento deportivo. Lo que deberíamos comenzar a conocer es que el sexo tiene la capacidad de relajar a la persona, y con ello disminuir la ansiedad; además, las relaciones sexuales hechas con afecto, en pareja logran reafirmar el estado anímico de las personas y hacer que uno pueda sentirse bien puesto que el placer sexual genera hormonas que dan sensaciones de bienestar, felicidad y satisfacción. Sin embargo, cuando una persona ha tenido sexo bajo presión o bajo estrés (como por ejemplo sintiendo que el haber tenido sexo puede generarle algún malestar) pues el cerebro inhibe los niveles de satisfacción y superpone el estrés emocional; ergo, la persona que nunca se relajó, no disfrutó, se sentirá cansada mental y corporalmente, y este efecto negativo funciona para deportistas o no.

Por eso, el placer sexual está en la mente, en la actitud y en la capacidad de goce de cada persona, de allí que pueda uno usarlo para bien o para mal.

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