El sembrador de prejuicios y estereotipos

Estudio set de televisión programación cámaras de video

Hace un par de semanas acudí como invitado a un programa de TV. Quiero aprovechar la ocasión para agradecerle al conductor de dicho programa su cordial acogida y los términos elogiosos con los que se refirió a mi persona y, también, a la de mis connacionales argentinos.

Comenzó con un monólogo variopinto que solo tiene relación indirecta con esta nota por el hecho de haber sido parte del mismo espacio televisivo. Luego, como es costumbre, presentó a su invitado, es decir, a mí, con las siguientes amables palabras: “mi invitado de hoy es una persona que cree saber de política”.

Pensé responder: “mi entrevistador de hoy es alguien que cree saber cómo se hace radio y TV”. No lo hice y no por temer alguna reacción neurótica del eufórico entrevistador, sino simplemente porque cuando uno va, por propia voluntad a un sitio, debe atenerse a lo que allí ocurra. Si visito un nido no pretenderé que los niños me escuchen en silencio, si visito el psiquiátrico no me enojaré si un paciente me pega o me insulta y si voy al zoológico no increparé al chimpancé si me arroja una piedra. (Estas comparaciones son simplemente aclaratorias y no tienen relación directa con lo que relato, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, como decían las películas antiguas.)

Más tarde el imprevisible entrevistador dijo, sin eufemismos (cosa que parece gustarle a su público) que el objetivo (no sé de qué, pero lo repitió 3 veces al menos) era “joder un argentino y cagar a un chileno” (sic, tres veces sic). Más tarde afirmó que Gareca no parecía argentino porque era modesto. Repliqué, riendo, que yo también era modesto y su elegante respuesta fue reír con cara de a mí no me engañas. Me preguntó qué resultado deseaba o esperaba del partido Argentina-Perú. Respondí lo que siempre digo: siempre como es lógico quiero que Argentina gane y, simultáneamente siempre me duele que Perú pierda. Su respuesta sin filtros fue “Todos los argentinos llevan un delincuente o un facineroso (no recuerdo la palabra) adentro”.

Retomó su monólogo y habló de los robos de Cristina Kirchner, por quien yo siento un enorme aprecio y una gran admiración, que había robado y que tiraban la plata adentro de un convento, es decir, lo que hizo uno de los miles de funcionario de su gobierno se lo atribuyó a la ex presidenta y además habló de las cajas fuertes (cosa que nunca se probó) en un tono de ángel del Señor que califica a los pecadores.

Afirmó, todo en el mismo programa, que Maradona era comunista (sic). Diré que creo que Maradona es peronista, como el Papa Francisco. Quizás el entrevistador ignore los entuertos habidos en los años 50 entre el comunismo y el peronismo. No voy a contar la historia pues no es el motivo de esta nota. Admirar a Fidel no lo hace comunista a Maradona y si lo fuera es su decisión. Me preguntó, saliendo de su monólogo, qué impresión me habían causado el beso y el piropo del actual Ministro de Educación a la Ministra saliente. Para el caso proyectó la imagen y agregó la del jugador ecuatoriano a quien el entrevistador calificó de gorila. Respondí que no me había causado ninguna impresión pues lo tengo tan incorporado a mi cultura que me pareció natural. Si Vexler le hubiese dicho gorila a Martens seguramente me hubiese molestado, pero el beso, no me molestó a pesar de mi postura política y de haber escrito decenas de artículos defendiendo los derechos de la mujer y habiendo hecho centenas de programas de radio y/o TV sobre la misma temática. Una oyente, que yo me pregunto qué hacía viendo ese programa, dijo en Facebook que el entrevistador y yo parecíamos hermanos o gemelos por nuestras posturas. Si hubiese buscado una mejor forma de ofenderme no la habría encontrado.

En realidad cuento esto a raíz de que un taxista me gritó “muy bueno el programa de TV”. ¿Bueno en qué? En insultos, en sembrar prejuicios, en decir las mismas mentiras que leemos en la “prensa seria”, en ignorar al invitado.

Es peligrosísimo lo que hacen algunos medios. Decir: jodan un argentino y caguen un chileno al aire por TV puede provocar en una persona con retardo, en un borracho o en alguien extremadamente desinformada una reacción violenta. Puede, además, generar ideas falsas sobre las características de una nacionalidad, una cultura o una etnia y eso, además de perverso, es extremadamente dañino para la paz social y para el desarrollo de una inteligencia crítica.

Finalmente instó a resolver a trompadas algunas situaciones tan poco conflictivas como que Rafo León, cuyo humor e inteligencia muchos disfrutamos, llamara “cochinilla de ojos jalados” a Keiko. El encargado de poner las cosas en su lugar –dijo- era el marido de Keiko quien para hacer justicia debería “romperle la cara” a Rafo. “Esas cosas se arreglan así”, exclamó filosóficamente nuestro agudo entrevistador muy satisfecho de sí mismo.

Todo por TV, en horario sin protección al menor y sin protección, sobre todo, al sentido común. Sentido que parece cada día más alejado de los medios de comunicación.

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