El presidente no tiene quién lo quiera

El presidente Pedro Pablo Kuczynski está, metafóricamente, de capa raída. La última encuesta de CPI realizada para Radio y el diario Exitosa encuentra que tiene solo 14.8 por ciento de aprobación. Esto significa que PPK perdió 8.4 puntos en un mes. Una catástrofe. Si ese ritmo persistiera, en abril tendría 7 por ciento de aprobación y en mayo, el mes más cruel, alrededor de cero.

El descrédito de PPK se puede medir por la siguiente comparación: en el mismo lapso de gobierno Ollanta Humala tenía 38.3 por ciento de aprobación, Alan García, 64.7 por ciento y Alejandro Toledo, 64.8 por ciento. PPK baja por ascensor (o por descensor), mientras los otros descendían por la escalera.

La desaprobación de PPK, que subió de 74.9 por ciento en noviembre a 81.3 por ciento en febrero, tiene su explicación en los actos de corrupción en relación con Odebrecht y en el desaforado cinismo con que quiere mostrar inocencia.

El lado escondido de la cuestión, que la encuesta desvela, es el bajo nivel de realizaciones del régimen. El 70.5 por ciento de los consultados no ha encontrado ningún logro en la gestión de PPK. Como premio consuelo, el 5.9 por ciento considera un logró el indulto a Alberto Fujimori.

Hay, sin embargo, un 22.9 por ciento que considera un logro los favores de indulto y gracia concedidos a Fujimori.

Entre los aspectos negativos del gobierno de PPK, el 8.6 por ciento de los encuestados indica la falta de seguridad ciudadana y el aumento de la delincuencia. El 7.1 por ciento señala que el gobierno no cumple una buena gestión, no hace nada por el país y no realiza obras.

El 45.4 por ciento opina que PPK debe renunciar al cargo, mientras el 33.7 por ciento cree que debe continuar en el sillón presidencial.

Un país donde la reconstrucción con cambios no avanza, donde el agro y la Amazonía siguen abandonados, donde la política exterior está a las órdenes del amo imperial, donde el aumento a los sueldos de los maestros es una engañifa (han aumentado sí, las horas de trabajo), un país gobernado por alguien que prefiere sus negocios a los intereses nacionales, ese es un país donde el primer mandatario debería mandarse mudar.