El perro mueve la cola desde Torre Tagle

Torre Cancillería Tagle

Cuando PPK dijo en Estados Unidos a inicios de año, que América Latina es como “un perro simpático que está durmiendo en la alfombrita y no genera ningún problema”, no imaginé que para el presidente peruano la frase en realidad fuera literal.

Lo que parecía una de las tantas ligerezas lingüísticas de Kuczynski anunciaba más bien uno de los mayores grados de servilismo ante el imperio norteamericano que la política exterior del Perú haya tenido en la historia reciente. Si bien desde hace décadas la cancillería tiene una marcada influencia pro Washington, el actual régimen ha adoptado una actitud ya demasiado echada hacia Estados Unidos. No por gusto PPK puso a dirigir Torre Tagle a Ricardo Luna, experto en entreguismo.

La expulsión del embajador de Venezuela el mes pasado, y ahora, la del embajador de Corea del Norte, declarándolo además como persona non grata, junto con el maltrato a la embajadora de la República Saharaui retenida en el aeropuerto Jorge Chávez, muestra cómo se ejecuta la política exterior norteamericana desde el Perú.

La barrabasada de Luna en el caso de Corea del Norte no tiene cómo explicarse bien, ni por él mismo. Sostiene que ese país no cumple con los constantes llamados de la comunidad internacional a respetar el derecho y finalizar su programa nuclear, como si Estados Unidos cumpliera con algo siquiera mínimo del derecho internacional. Por más que lo nieguen, PPK y Luna actúan para agradar a la administración Trump.

De igual manera respecto de Venezuela. Desde el Perú se impulsó la articulación de varias cancillerías de la región, especialmente con la chilena, la mexicana y la costarricense, que también cumplen el triste papel de alfombra de Estados Unidos, a fin de desestabilizar el gobierno venezolano de Nicolás Maduro, pese a que la Asamblea Constituyente de ese país está poniendo paños fríos a su tremenda crisis interna, y varias personalidades y gobiernos recomiendan más bien el camino del diálogo.

Ahora que a PPK le está estallando en la cara una tremenda crisis de régimen, producto de la conjunción de la mala situación económica, la tremenda pelea Congreso-Ejecutivo con cuestión de confianza presentada, más el punche que ha mostrado el movimiento social en las calles, le cae muy bien el viaje a Estados Unidos en el que además de recibir instrucciones, podrá pedir que le devuelvan el favor y le ordenen el frente interno.

Total, lo que más conviene al gobierno norteamericano es que PPK salga del escenario de crisis profunda con pronóstico reservado en el que ha entrado, porque además del rol político que está cumpliendo en la región a su favor, el próximo año se desarrollará en Lima la Cumbre de las Américas, que reunirá a todos los países del hemisferio y cuyo objetivo político es la rearticulación -tras la salida de varios gobiernos progresistas de escena- de esa derecha continental alineada con Estados Unidos y que precisamente actúa como un perro simpático.