El Papa llega y PPK se va

Pedro Pablo Kuczynski y Papa Francisco

“Que los señores ladrones suspendan sus actividades para que podamos disfrutar del mensaje del Papa Francisco”   ha ordenado el alcalde de Surco, Roberto Gómez Baca.        

La ordenanza del burgomaestre es tan difícil de cumplir como si se dispusiera que por 24 horas el presidente Kuczynski dejará de mentir. O de faltar a su palabra. O de jurar en vano. O de traicionar. O más bien que por un día entero dejara de ser un felón.

Eso es imposible. Ni el mayor mentiroso del Perú (o sea él) lo podría prometer.

Trafero y cobarde, hizo tratos en secreto a cambio de ser salvado de la vacancia, y ahora ha convertido el Perú en un país, aislado en el continente, cuyo nombre sirve en el exterior para hacer bromas de escarnio.

Kuczynski ya no tiene credibilidad ni autoridad moral para gobernar el Perú. Sigue en palacio de gobierno pero ya es un ex-Presidente. No manda sobre nadie. Ahora el poder, y la obligación, de sacar al pelele de allí está en el Congreso, y si el Congreso se sigue pisando los pantalones, ese poder está en la calle.

Y sin embargo, la presente no es la crisis de un gobierno. Es la expresión agonizante de un sistema. El neoliberalismo es la fase más irracional, rapaz y depredadora del capitalismo.

“Que los señores ladrones suspendan sus actividades”, ordena el burgomaestre. Pero en estos días de la llegada del Papa, tampoco va a descansar Kuczynski. Más bien, se presentará ante el jefe de la cristiandad como un hombre de paz y reconciliación.

Ya lo hizo hace un mes cuando viajó a Roma para extenderle oficialmente la invitación de venir al Perú y para pedirle sin pedirle que con su presencia confiera autoridad moral a la negociación mafiosa que ya estaba preparando.

Kuczynski es un hombre ignorante. No lee libros desde hace más de 60 años. Supone que la Iglesia Católica es solamente una congregación de célibes que bendicen estampitas y convalidan el poder de los criminales. No sabe que, desde hace largos años, tanto la católica como otras iglesias del mundo han reflexionado sobre su papel en la historia y han asumido la causa de los más pobres. Además, Francisco no es un santulón sino un pensador y un estadista.

No sabe que el jefe de Francisco, un hombre llamado Jesús, proclamó un sistema contra el dinero, el poder y la explotación. En una de sus parábolas, aseguró que más fácil pasaría un camello por el ojo de una aguja a que un rico entrará en el reino de Dios. “Ustedes saben que los jefes de las naciones se portan como dueños de ellas y que los poderosos las oprimen.”… “Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al dinero.”

No sabe Kuczynski que las enseñanzas de Jesús ayudan a la gente a entender la mentira del poder y el robo inherente a la propiedad y a la riqueza. Tampoco sabe que el Nazareno no predica la creencia en un dios del miedo y de la condenación sino en una sociedad terrestre en la que el amor vence permanentemente a la injusticia.

Que no se equivoque Kuczynski. Que les pida a sus asesores releer los discursos de Francisco recientemente en Colombia. Allí las palabras que más utilizó fueron Cristo y amor. Y cuando dijo la palabra “perdón”, no se refirió a los saqueadores sino a las dos partes que pelearon en el largo conflicto interno.

Quienes creemos en el viejo cristianismo y conocemos la profesión de Kuczynski, negociante y lobbysta, tememos lo que va a ocurrir la próxima semana cuando el presidente del Perú comulgue sin confesar y el hermano Francisco recuerde a su maestro, Jesús el Nazareno, ese hombre enfurecido que entró en el templo armado de un látigo y echó de allí a los traferos y a los bandidos.