El fútbol expresa la dignidad del pueblo

Edinson "Orejas" Flores - selección peruana

Un día escuché decir a Ángel Cappa que: “el fútbol expresa la dignidad del pueblo”. Parece algo exagerado. Sin embargo, al recorrer las calles, vemos a humildes ciudadanos que por carecer de estudios, empleo fijo o profesión, suelen ser subestimados en su propio medio social, pero que son recompensados con el aprecio de ese mismo entorno al enseñorearse en una cancha o losa deportiva por su exquisita habilidad futbolística.

Allí reciben el aplauso, la admiración y hasta efusivos agasajos si los resultados son favorables al final de cada partido de fútbol. Son los protagonistas de la jornada deportiva. Se constituyen en el orgullo del vecindario y referentes sociales de las nuevas generaciones del lugar.

En estos días de entusiasmo mundialista hemos visto el fenómeno elevado a su mayor expresión social después de treinta y cinco años. La selección de todos los peruanos nos ha devuelto el entusiasmo, la alegría y, por qué no decirlo, el sentido de la dignidad perdido en los innumerables fracasos de todo ese tiempo.

Debemos confesar que ni en Fiestas Patrias hemos visto desfilar ante nuestros ojos cientos y miles de prendas rojiblancas, portadas desde el hombre más sencillo hasta el más encumbrado ministro o congresista.

El entusiasmo colectivo y la fiebre deportiva exudan el tejido social como nunca antes. Es producto de la hazaña lograda por los Gallese, Rodríguez, Flores, Yotún, Polo, Ruidíaz y los que sería largo de mencionar. Ellos son hijos de los barrios más humildes de nuestro territorio nacional.

Ya consagrados en estas eliminatorias, el valor de nuestros seleccionados en el mercado futbolístico no pasa de los $30 millones a diferencia de los $400 millones de la selección argentina, nuestro último rival al que hemos dejado al borde de la eliminación.

Ello no ha sido impedimento para ganar un valioso punto en el estadio de La Bombonera, antes llamada “La Caldera del Diablo”, por la presión intimidante que la hinchada argentina hace sentir a sus rivales. Aquí los peruanos le pusieron “huevo”, pierna fuerte y coraje, como antes en Asunción y Quito.

Gareca ha conformado un equipo compacto que juega de verdad por el Perú.

Gareca ha conformado un equipo compacto que juega de verdad por el Perú.

La energía y fuerza moral de este equipo contagia y eleva la moral de nuestra gente aquí y allá. Basta ver la forma en que la colonia peruana se paseó por Aristóbulo del Valle, Pinzón, Brandsen y Palos, las calles del mismísimo Barrio de la Boca, en Buenos Aires, gritando a todo pulmón el nombre del Perú e hinchando por nuestro equipo. Los jugadores ni la barra se achicopalaron. Hicieron sentirse unos “boludos” a los argentinos en su misma pampa.

Es el sentido popular de la autoestima recuperada. Es el producto del talento, humildad y esfuerzo de nuestros jugadores, sumados a la disciplina como equipo y convicción de su propia identidad, inculcadas por Ricardo Gareca.

Al iniciarse estas eliminatorias muchos jugadores de nuestro equipo eran casi desconocidos, en el medio local. Hasta el partido con Ecuador algunos aficionados y periodistas preguntaban quién era Araujo o Cartagena. Pues ahora nadie olvidará las tentaculares piernas de aquél cortando los endiablados avances de Leonel Messi. Es que Gareca ha logrado conformar un equipo. Juegue quien juegue el rendimiento será satisfactorio. En La Bombonera jugamos sin Cueva, Carrillo y Ramos, titulares indiscutibles, pero los reemplazantes lo hicieron a cabalidad.

Eso demuestra que el liderazgo del entrenador, y el sentido de esfuerzo colectivo demostrado por nuestros seleccionados, deben ser paradigmas que movilicen a nuestra sociedad en busca de objetivos supremos.

El Perú necesita seguir recobrando la fe perdida. Nuestros gobernantes, como dirigentes políticos, tienen el imperioso deber de inspirar la confianza ciudadana para movilizar también nuestras energías sociales, en busca de clasificar a elevados niveles de desarrollo en justicia, educación, salud y seguridad con la mira puesta en el año 2021.

Pero no solo los gobernantes, también cada uno de los altos funcionarios del Estado y lo órganos constitucionales, tiene la obligación de devolver a la gente la confianza perdida en sus instituciones.

La corrupción en nuestro país no es ajena a esto. La ciudadanía siente que la justicia es sorda, ciega y muda respecto de un expresidente que evade todas las acciones de investigación, pese a que su entorno tiene delitos probados en su contra, pero que preserva muy bien sus códigos de silencio.

El fiscal José Antonio Castellano que investiga al señor Alan García no puede dejarse amedrentar por la barra brava de “La Bembonera”, conformada por los Mulder, Velásquez y Del Castillo, que pretenden amedrentarlo con amenazas de denunciarlo por prevaricato, a fin de evitar que continúe con sus investigaciones contra el expresidente en el marco de la Ley de Crimen Organizado.

En sus manos está no solo el descubrimiento de la verdad, sino también la posibilidad de que la gente recupere la confianza en el Ministerio Público, así como el sentido de la dignidad de la justicia. El Perú debe clasificar al Mundial en este 2017, año del Centenario de la Revolución Rusa, pero también debe llegar limpio al Bicentenario de nuestra Independencia, en el 2021.