“El fujimorismo eliminó la tesis para graduarse y titularse”

“La guerra de las falacias”, del  filósofo español Manuel Atienza, libro que tiene como subtítulo “Cómo hacer frente a los malos argumentos en la esfera pública”

LUCAS LAVADO CONTINÚA SU LABOR EDITORIAL Y DOCENTE.
Editor hispanoamericano Y AMIGO de Mario Bunge, el profesor Lucas Lavado inaugura la colección Ciencias, Humanidades e Interdisciplinas de la prestigiosa editorial Grijley con un título del filósofo español Manuel Atienza.

Aunque se hizo formalmente editor cuando invitó a Mario Bunge a hacer un curso de una semana en el Perú, y editó este curso en un libro, el profesor Lavado siempre ha tenido la preocupación de entregar a los estudiantes textos alentadores y creativos, para incentivar su pensamiento crítico.

“Estas preocupaciones me llevaron a hacer ediciones pequeñas. Hacía antologías intentando imitar lo que hacía Augusto Salazar Bondy, quien tiene una de las antologías más notables en el campo del pensamiento filosófico del Perú. Este esfuerzo me condujo finalmente a embarcarme en una tarea de editor con cierto nivel de formalidad”, recuerda.

PRODUCCIÓN
Como autor, destaca en su haber “Los roles de la filosofía”, libro que prologa el filósofo Mario Bunge, quien ha dicho que se trata de entrevistas hechas a medida; son diálogos con los filósofos hispanoamericanos más importantes: Miguel Quintanilla, Jesús Mosterín, Pablo Iannone, Ernesto Garzón Valdés, Antonio Martino, entre otros.

Lavado continúa su denodada labor educativa y editorial, como docente de la Universidad San Martín de Porres y flamante director de la colección Ciencias, Humanidades e Interdisciplinas de la prestigiosa editorial Grijley, colección que acaba de inaugurar con la edición de “La guerra de las falacias”, del filósofo español Manuel Atienza, libro que tiene como subtítulo “Cómo hacer frente a los malos argumentos en la esfera pública”.

“La intención de este libro es abrir las entendederas de los políticos para hacer diálogos fecundos y usar argumentos razonables y realistas”, dice.

—¿Para comunicadores y periodistas también?
—Para todos. En la era del plagio que nos ha tocado a vivir dolorosamente, ha venido a cubrir un vacío notorio que hay que superar si queremos hacer un país viable y una universidad decente.

Lo dice y recuerda que fue justamente en la época del fujimorismo en que se eliminó la obligatoriedad de presentan “la tesis universitaria para graduarse de bachiller y titularse de profesional”.

Justamente, embarcarse “en la tarea de editor es la manera más apropiada de poner un grano de arena para mejorar la calidad de la educación del país y la calidad de los aprendizajes”, afirma.

—¿Por qué cree que algunos políticos falsean sus hojas de vida y hasta se hacen llamar doctores sin serlo?
—El Perú es un país que adolece de falta de reconocimientos. Hay carencia y deseo de reconocimiento, por un lado. Por otro, la actividad intelectual, el título profesional, el grado académico es un asunto de prestigio. Figurar como doctor en cualquier área es prestigioso y cuando se quiere postular a algún puesto se necesita título y grado académico. Esto ha hecho que mucha gente, si no puede comprar la tesis, se ve obligada a plagiar.

—Si el Congreso fujimorista censura a Jaime Saavedra, ¿qué puede suceder en el Perú?
—Esta es una censura a la Ley Universitaria. Lo que ocurrirá es el continuo deterioro de la calidad de la enseñanza universitaria y con eso quedarnos a la zaga de nuestros vecinos. Chile ya nos lleva gran distancia; Ecuador está unos pasos adelante de nosotros; Colombia ni qué decir; Argentina ni hablar. El Perú, en ese sentido, está jugando con lo más preciado que tiene un país para salir del subdesarrollo, de las carencias más notables: descuidar peligrosamente la calidad de su formación universitaria. Podemos perder lo mejor que tenemos, nuestros recursos, nuestra biodiversidad, porque hablaremos de biodiversidad pero no sabremos lo que es eso, hablaremos de los ingentes recursos que tiene el Perú pero no seremos capaces de estudiarlos y conocerlos. Finalmente, los políticos se llenarán la boca diciendo que somos un país rico, formidable, pero seguirán medrando de las carencias que genera esta notable situación que ocurre en el país.

—¿Por qué una persona de tanta valía como usted no llega a ser rector?
—La verdad, nunca he tenido preferencias por ostentar cargos. He hecho lo que siempre he sabido hacer: mis clases, la edición e investigación. Si alguien me ofrece un cargo burocrático, no aceptaría por hacer las cosas que hago y que me permite conversar con intelectuales de primer orden y trabajar con ellos. En este momento, en que se habla de la crisis del libro en la era de internet es la era más apasionante de continuar trabajando con libros.

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