El engaño no paga

La encuesta nacional urbano rural de El Comercio Ipsos publicada ayer indica que Ollanta Humala y su esposa siguen en el abismo del descrédito, pero que a ella le va peor que a él. Mientras que el presidente recupera un punto –pasa de 14 a 15 por ciento–, su cónyuge baja de 12 a 11 por ciento.

Este sondeo se realizó entre el 7 y el 13 de noviembre, es decir, no pudo registrar el efecto de la confesión de Nadine Heredia el 13 de noviembre de que las agendas reveladoras son suyas, cosa que había negado con tenacidad y sin pudor. Es posible que ese hecho haya ahondado aún más la desaprobación de la cogobernante.

Necesario es subrayar las razones por las cuales es desaprobado Humala. El 46 por ciento lo hace debido a que no hay seguridad ciudadana y 45 por ciento debido a que hay corrupción en su gobierno. El 39 por ciento considera que no tiene liderazgo (su esposa contribuye sin duda a exhibirlo como endeble) y 25 por ciento le reprocha no seguir la misma línea que cuando era candidato.

Siempre hemos creído que las discutidas agendas sí eran de la señora Heredia y que lo negaba, con desparpajo insigne, porque en los apuntes allí consignados hay señales de corrupción, incluido dinero ilícito. La admisión reciente de la señora deja mal parados a sus allegados que negaron, con insolencia, la propiedad de las agendas. El mal profundo del servilismo, uncido al poder, es un rasgo secular, y trasmisible, de nuestra política.

Hemos señalado línea arriba que la encuesta no registra aún el efecto total de la admisión de la señora Heredia sobre las agendas. En efecto, una de las preguntas lo demuestra: “Nadine Heredia ha afirmado que las cuatro agendas que se le atribuyen no son de ella. ¿Cree que ella dice la verdad o está ocultando la verdad?”.

¡El 87 por ciento respondió: oculta la verdad! Solo cuatro por ciento le creía a la primera mandataria. Ni ella, ni sus valedores habían logrado engañar al país.

Próximas encuestas revelarán sin duda el tamaño del daño que la mentira ha causado en la credibilidad de la pareja cogobernante y del régimen en su totalidad.

Por lo pronto, la presunción pública, la mera presunción, antes de la confesión, demuestra que la señora Heredia se había hundido a sí misma. A la pregunta de la encuestadora: “¿qué le recomendaría a Nadine Heredia?”, el 72 por ciento respondió: “Que se retire de la política definitivamente”. Un 12 por ciento le recomienda: “Seguir en la política pero no presentarse en el Congreso”.

Un bajón uniforme de 4 por ciento para los principales ministros muestra también el peso negativo de la mentira respecto de las agendas.