El Congreso en la encrucijada

Zarandeados por su ineficiencia y su creciente desprestigio, los miembros de la llamada Comisión Belaunde Lossio, que usa el alucinante método de culpar sin saber de qué e investigar sobre lo que pueda encontrar en el camino, han recibido desde Toronto una noticia que, de alguna manera, pone en evidencia lo desmesurado y poco constructivo de sus persecutorias decisiones.

Resulta que uno de sus investigados, el gran Francisco Boza, le ha dado una medalla de oro al Perú en los Juegos Panamericanos, lauro por el que, según la costumbre –y el afán de los parlamentarios de figurar colgándose de los peruanos exitosos- le hará merecedor de un homenaje del Legislativo, así como otros honores, como el héroe deportivo que es quien, además, es un ejemplo de corrección y caballerosidad.

Habría que preguntarse si tendrán cara para presentarse en el previsible homenaje parlamentario a Boza y los otros medallistas, quienes lo tienen como investigado y lo obligaron a renunciar a la jefatura del Instituto Nacional del Deporte solo porque recibió un ofrecimiento de ayuda de un amigo de toda la vida, para que el Congreso de la República apruebe la ampliación del plazo de ejecución del presupuesto para obras deportivas que el país tanto necesita porque será sede de los próximos Panamericanos.

Pancho Boza fue maltratado de esa manera también porque una de esas obras fue adjudicada –sin que nadie haya objetado la legalidad de la adjudicación- a una empresa a la que, según los acusadores, estaba ligado el investigado principal de esa comisión; una obra que además ni se hizo ni se pagó, por lo que no hubo perjuicio para el Estado.

De nada valieron toda una vida dedicada al deporte, en la que mantuvo una conducta irreprochable en todos los terrenos, que le ha granjeado el respeto y la admiración de todos los que lo conocen, tanto en el ámbito deportivo como en otros terrenos.

Aunque sus auspiciadores tratan de sacarla a flote, la comisión integrada por avinagrados políticos a los que no les importa manchar honras y atropellar el derecho a la presunción de inocencia, cuando de figurar y buscar réditos electorales se trata; muchos están convencidos de que está tocando fondo en su descrédito continuo y su falta de resultados, que pese a las promesas de eficiencia y seriedad, la han llevado por el camino de la fracasada comisión López Meneses.

Triste ocaso de una comisión que, en vez de mantener un digno silencio ante el papelón hecho al entrar en el terreno de la chismografía de baja estofa, sin respetar la dignidad de una mujer, insiste en maromas verbales para justificar tamaño despropósito.