El cielo del Perú es chileno

Alan García Pérez y Sebastián Piñera

EL RESPONSABLE: ALAN GARCÍA
El Perú debe ser el único país del mundo donde una compañía aérea extranjera, en este caso LAN Chile, tiene hegemonía en el transporte aéreo.

El viajero que aterriza en el aeropuerto “Jorge Chávez” del Callao es posible que imagine que el terminal donde está desembarcando es un aeropuerto chileno: el 80 o 90 por ciento de las naves estacionadas son de LAN Chile (ahora Latam).

Por el contrario, si el viajero aterriza en el aeropuerto de Santiago, “ Arturo Merino Benítez”, es difícil que imagine que está aterrizando en el primer aeropuerto chileno: porque las naves de LAN Chile se cuentan con los dedos de la mano, entre decenas de aviones de diversas compañías aéreas internacionales.

El Perú debe ser el único país del mundodonde una compañía aérea extranjera, en este caso LAN Chile, tiene el absoluto monopolio del transporte aéreo. Es decir, Chile es dueño del cielo peruano gracias a Alan García Pérez, el autor y responsable del tristemente célebre memorando de entendimiento que entregó la soberanía del cielo peruano a Chile.

Como si este regalo-calificada por la mayoría de los peruanos como una traición a la patria-no fuera suficiente, el dadivoso Alan García Pérez vendió el aerodrómo de Collique,el cuartel San Martín y estuvo a punto de enajenarla estratégica isla de San Lorenzo a los intereses chilenos.

Cuando el dictador Augusto Pinochet ordenó al empresariadochileno que “compren el Perú porque lo están rematando”, la respuesta de Alan García Pérez fue otorgar todas las facilidades para un “buen matrimonio” peruano-chileno.

La inversión chilena en el Perú sobrepasa los 15 mil millones de dólares enmanufactura, empresas forestales, servicios, construcción, turismo y transporteaéreo, es decir, en áreas estratégicas. “Chile ya nos ganó la guerra por segunda vez y sin disparar un solo tiro”, me dijo hace algunos años el general Edgardo Mercado Jarrín.

Políticos como Alan García Pérez y las clases dominantes alimentan esa sumisión, ese entreguismo, esa patética renuncia a la autoestima, ese traumático derrotismo que acepta la soberbia, la prepotencia y la arrogancia chilena como natural y que parece habitar en el fondo del ser peruano.

Pero no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista.

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