Educar para la vida

Un reciente estudio encargado por una entidad financiera acerca del conocimiento de cómo funciona una tarjeta de crédito reveló que la inmensa mayoría de los sujetos del estudio, estudiantes universitarios, desconocía la diferencia entre disponer de efectivo desde una tarjeta de débito (ahorros) que de una tarjeta de crédito (sujeta a intereses y por tanto con un costo a pagar). Las últimas semanas por razones de trabajo he estado interactuando con profesores de pregrado de hasta tres universidades y en todas ellas he buscado a los que dictan el curso de cálculo para preguntarles ¿cuán grande es la brecha, con respecto a las matemáticas, con la que llegan los alumnos a la universidad? La respuesta que resume a las que obtuve es: “¡No es brecha Jaime, es abismo!”. Explicable entonces el resultado del estudio en mención, el que por cierto es alarmante y preocupante además.

Nadie discute que es positiva la decisión de aumentar el presupuesto para la educación y sin embargo se comprueba fácilmente que esta decisión no garantiza necesariamente los buenos resultados. Y es que pareciera que hemos olvidado la razón primera de la educación que es la de formar ciudadanos. Se es ciudadano disminuido cuándo se desconocen los derechos y obligaciones mínimas o fundamentales. Cuando la escuela se preocupa principalmente por hacer que los alumnos digieran cursos que terminan olvidando después de aprobar los exámenes, entonces algo está haciendo mal. La educación debe ser para la vida, para enseñar a los alumnos a conocer el mundo en el que viven, para ayudarlos a comprender los fenómenos sociales, económicos, además de los de la ciencia y las artes. La escuela y la educación que ella brinda debe partir del intercambio claro, abierto y franco, entre docentes y discentes, fomentando una educación participativa, colaborativa, solidaria, respetuosa y preocupada repito por formar ciudadanos íntegros y capaces. Cito a Constantino Carvallo, educador tempranamente desaparecido: “la escuela debe formar ciudadanos capaces de alegrarse con las alegrías de los demás y de condolerse con el dolor ajeno”. Educación para la vida y durante toda la vida.