Dudas que matan

A estas alturas no logra entenderse muy bien si el posible indulto de Alberto Fujimori es una maniobra del gobierno para mantener en vilo a Fuerza Popular, o una presión del fujimorismo para arrinconar a PPK.

Después de la hábil movida del voto de confianza, que terminó con el gabinete Zavala pero le dio un impensado aire hasta el 2021 al nuevo de Mercedes Aráoz, el Ejecutivo parecía ganar la partida.

Queda claro el temor de enfrentar divididos elecciones parlamentarias adelantadas, en caso de que censuren a otro gabinete, por parte de la actual mayoría. Golpeados desde dentro por el engreído del reo, quedaron bastante desconcertados con la impensada audacia de PPK.

El problema radica en que el Presidente no anda muy convencido de la certeza de su acción. Por lo que se ve, en el gobierno siguen temerosos de una contraofensiva de la bancada oficialista, dudando como nunca con recortarle quince años de carcelería al condenado.

Intentaron, según sus propias declaraciones, montar un cierto aval del Vaticano, en pro de una reconciliación con quien no admite culpa alguna en sus crímenes y latrocinios.

Ensayan desde hace un buen rato el cuento del “indulto humanitario” dada una inverificable “enfermedad terminal” del líder máximo de FP. La coartada cae por sí sola cuando uno ve los videos de un “moribundo”, que recupera su energía apenas traspone las puertas de la clínica. O cuando se repasa su calculado rechazo a la prisión domiciliaria, que algunos ingenuos le ofrecieron.

Los arúspices del régimen juegan con que la clasificación al Mundial de fútbol, o la visita del pontífice católico, crearán el clima suficiente para que el ardid surta efecto.

Hasta ahora nadie encuentra un comité médico con la suficiente solvencia, que certifique el estado terminal, Difícil, aunque no imposible, que alguien arriesgue su dignidad profesional. Sobre todo porque el gobierno no encuentra médicos de calidad, entre los cuales debería estar quien represente a las víctimas.

Los achaques de Fujimori, propios de la edad, prestamente atendidos, coinciden con los soponcios de un gobernante que fue elegido justamente porque se pronunció contra el indulto.

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