Dos pasos adelante. Ni un paso atrás

Ante la ofensiva conservadora conmishijosnotemetas, que crece peligrosamente, es urgente enmendar rumbos y modificar radicalmente la forma de afrontar el cambio educativo.

PRIMER PASO. Dejar de concebir e implementar los cambios, y la reforma curricular en particular, como un asunto tecnocrático. Sus contenidos propuestos desde el MINEDU y conversados con mesas técnicas regionales quedaron cortos. Se consiguió un cierto consenso técnico pero no se construyó una convicción social. El pensamiento dogmático aprovecha este vacío para posicionaren barrios populares, calles y plazas consignas atentatorias contra los derechos humanos básicos, que pueden hacernos retroceder siglos como país, a la vez que avalar la violencia e incuso asesinato de seres humanos: “Si encuentran dos mujeres teniendo sexo, maten a las dos en el nombre de Jesús”.

Los maestros, presionados por mayores “rendimientos” y muchos de ellos formados en ideas tradicionales o en silencios sobre la igualdad de género, tampoco se involucraron. El MINEDU quedó solo frente a la embestida retardataria y recién empieza a armar un discurso directo y sencillo, que es indispensable, porque aun la academia pierde hoy frente a los simples argumentos de la ideología del odio que germinan en muchos ciudadanos de a pie. Este discurso debería ser laico.

SEGUNDO PASO. Colocar en el centro del quehacer educativo aquello que fue arrinconado al margen en los últimos 10 años: la educación ciudadana y los temas “transversales”: igualdad, conciencia ambiental, ética, igualdad de género, interculturalidad, etc. Estos temas figuraron discursivamente o en acápites secundarios, tuvieron muy escaso presupuesto y ningún peso en instancias de decisión. Lo que se colocó en el centro y en todo el espectro de presupuestos, mediciones y “logros” del sistema, fue el rendimiento estudiantil en 2 asignaturas necesarias pero instrumentales.

Hoy hay que asumir el cambio educativo de otra manera. Lograr la igualdad en la escuela exige a) una batalla cultural que debe involucrar a toda la población y no solo a los especialistas, y b) cambiar el peso de la apuesta: la formación del espíritu crítico antes que las pruebas PISA. De otro modo regresaremos a las catacumbas, estilo Trump.