Dos errores de Aráoz y la revolución social de PPK

Retomando uno de los mensajes claves de la campaña de PPK largamente olvidados, el de la “Revolución Social”, la primera ministra Mercedes Aráoz ha delineado su política en un artículo publicado el domingo, a escasos días de su presentación ante el Congreso para solicitar el voto de confianza.

Lamentablemente, en asuntos de política social, la distancia entre la fuerza de la palabra usada –Revolución– y las propuestas, es muy grande. Presagian, así, que más allá del palabreo, poco podemos esperar en relación a este asunto los próximos meses.

Dos grandes errores comete la premier Aráoz en su artículo. El primero es por omisión: dice ella que “En agua potable y saneamiento básico, que es la prioridad del presidente, esperamos que en el 2021 el 100% de los peruanos que viven en ciudades tengan estos servicios tan básicos como dignos”.

El olvido de tamaño gigante se refiere a las zonas rurales. No es poca cosa, ya que según los datos del último informe de “Condiciones de Vida” del INEI, mientras el 95% de los peruanos de las ciudades tienen una conexión de agua por red pública, solo 70% de los pobladores del campo la tienen. En otras palabras, el déficit de conexiones de agua en el campo (30%) es 6 veces mayor que en las ciudades (5%), sin embargo la premier Aráoz olvida el déficit de agua en los hogares rurales.

Pero no solo son las conexiones de agua la diferencia. También está la calidad del agua, que es potable para el 85% de los peruanos de las ciudades mientras en el campo menos del 10% tiene agua potable. En otras palabras, en las ciudades el agua que sale de nuestros caños es en su gran mayoría potable, pero en los pequeños pueblos rurales la mayor parte del agua de las redes públicas No es potable.

Finalmente, este déficit de agua potable en las zonas rurales agrava las serias brechas de salud existentes. La desnutrición crónica que es 9% en las ciudades llega a 28% en el campo, donde la mortalidad infantil es casi el doble que en las urbes. Buena parte de estos serios problemas se deben precisamente a las enfermedades generadas por el consumo de agua no segura en las zonas rurales ¡y es esta población la que la premier olvida!

Si se siguiera esa política, se deja de lado a quienes menos acceso a agua tienen, a quienes menos agua segura tienen y a quienes más problemas de salud tienen. En suma, se discrimina contra los que están en peores condiciones.

El segundo error es también importante. Dice Mercedes Aráoz que “Hemos declarado una lucha frontal contra la anemia, mejorando la dieta de nuestros niños en el programa Cuna Más”. Ese es el resumen de su política contra la anemia. El problema con esta estrategia es que en el programa de cuidado diurno de Cuna Más hay 48 mil niños y niñas, mientras hay ahora en nuestro país más de 2 millones 800 mil niños de 0 a 4 años. En otras palabras, la estrategia propuesta por la primera ministra no alcanza ni al 2 por ciento de los niños, y eso sin considerar los de más edad.

Hace bien Aráoz en plantearse la lucha contra la anemia como una prioridad, pero tiene que partir de que más de 40% de nuestros niños menores sufren esa deficiencia. No cabe, pues, enfrentar la anemia con estrategias hiperfocalizadas. Tampoco era suficiente la estrategia propuesta pocos meses atrás por Zavala y Aljovín (entonces en el MIDIS), que metiéndose en sector ajeno, se dedicó a propagar que se lleven los niños a los centros de salud para chequearlos, en momentos en que los establecimientos de salud están colapsados por falta de personal y medicinas. Cuando hay una incidencia tan alta como 40% (y quién sabe cuántos más en riesgo) lo que corresponde es aplicar políticas masivas y públicas, distribuyendo suplementos alimenticios y con reforzamiento de hierro en productos de consumo masivo como la harina.

Los problemas de base, hay que decirlos, son políticos. La primera ministra no debe saber todo, pero sus ministros debieran saber lo esencial, y en cuanto a políticas sociales eso no sucede en la actualidad. PPK ha preferido poner en el MIDIS a personas muy hábiles en lobbies empresariales pero sin conocimiento ni experiencia en políticas sociales, lo que resalta la poca importancia que le da al mismo, convertido en premio consuelo o espacio para ocuparse de otros asuntos menos públicos. Ojalá eso de la “revolución social” se tomara en serio ahora. Sin embargo ni las ministras encargadas hasta ahora ni lo escrito por la primera ministra, a pesar del título usado, permiten ser optimistas al respecto.