Diplomacia nuclear

Kim Jong Un  y Donald Trump.

La norma de oro de la diplomacia sobre armas nucleares es que las potencias que detentan la gran mayoría de estas armas, como son hoy los Estados Unidos y Rusia, mantengan contactos directos entre sus jefes de Estado y sus altos mandos militares para evitar malos entendidos y accidentes que podrían provocar un ataque nuclear preventivo.

En el caso de las potencias nucleares menores, como China, Gran Bretaña, Francia, Israel, India y Pakistán, la regla de oro diplomática ha sido mantener un bajo perfil militar nuclear, no haciendo alarde de tener armas nucleares y no amenazar con ellas a sus enemigos o rivales.

Esta ha sido la actitud de Israel en su conflicto con los países árabes, la de la Gran Bretaña frente Argentina en el conflicto de las Malvinas , la de India y Pakistán y la de China y la India , en sus respectivos conflictos fronterizos.

Estas reglas de diplomacia nuclear han sido hoy dinamitadas por el régimen de Kim Jong Un, quien se ha vanagloriado de tener armas nucleares y ha amenazado con usarlas contra Corea del Sur, Japón y los Estados Unidos.

Lo interesante de esta pataleta nuclear de Kim Jong Un es que ha probado que China no ha podido controlar los arrebatos nucleares de un pequeño aliado fronterizo, como es Corea del Norte. Esta incapacidad de su diplomacia le ha hecho perder la cara a China en el Asia y el mundo, y sobre todo, esta debilidad ha sorprendido a las potencias que temen una hegemonía china en Asia y el mundo, como son India, Japón y los Estados Unidos.

Después de no poder controlar la grave crisis nuclear global provocada por Corea del Norte, China tiene que demostrar que no es solo una factoría exportadora global sino una potencia asiática con vocación mundial. Para ello debe liderar la estabilización de la península de Corea, que es su propia frontera. Si no lo hace, la credibilidad de que China es una gran potencia que contribuirá a la paz mundial se evaporará con la persistencia de la crisis en la península de Corea.

La península de Corea necesita una diplomacia nuclear realista que reconozca que ningún país que logra tener el arma nuclear negocia la renuncia de este gran poder. Por lo tanto, cualquier intento de estabilizar la península de Corea pasa por reconocer que Corea del Norte es ya una potencia nuclear menor, y que al ser reconocida como tal, debe comportarse con prudencia y no vanagloriase de su poder nuclear y menos amenazar a sus rivales. Entonces, debe cesar sus ensayos nucleares y dejar de lanzar misiles balísticos, y como contraparte, los Estados Unidos y Corea del Sur deben dejar de hacer maniobras militares que son peligrosa frente a un régimen paranoico como el de Pyongyang.

Logrado esto, lo más importante es que las dos Coreas negocien un modus vivendi que establezca una sólida coexistencia pacífica entre ambas, que es lo único que puede permitir que durante este siglo, se logre la pretendida integración y la unificación de la península de Corea.