Después de Caretas y de Rafo, nos toca a todos

Luis Galarreta

Hoy es Caretas, y mañana seremos todos: la prensa independiente, la llamada educación de género, los profesores, la literatura… y también los empresarios desobedientes.

Hoy es Rafo y mañana serán los caricaturistas, y después los columnistas y los escritores, y por fin -en esa república del soplo que será el Perú gobernado por la señora Fujimori- lo será el ciudadano común y corriente que se atrevió a criticar al fujmorismo cuando iba en el taxi…y el chofer le pidió sus papeles.

Hoy es la China Tudela. Después, seguirán otros personajes como Zavalita por preguntarse cuándo se jodió el Perú, Rosendo Maqui por sublevar a los indios y, por fin, Paco Yunque, por ser un futuro comunista… Y por qué no investigar también a Ña Catita, a Noé Delirante y al Caballero Carmelo.

La dinastía puede volver, y es muy seguro de que vuelva. Según las encuestas, tiene hoy mayoría. Hay cada vez más peruanos que creen en las ideas del representante naranja Bienvenido según el cual leer con frecuencia causa el mal de Alzheimer.

La educación que emiten los tabloides y los programas de TV ha logrado que el votante piense que los derechos humanos son cosa de las ONG, y que no importa que sean suspendidos si su mandatario va a “hacer obras” o “acabar con el terrorismo” aunque sea imponiendo otro terrorismo y levantándose miles de millones de dólares.

Más todavía, el gobierno fujimorista o tal vez su avasalladora influencia ya comenzó. Aterrados por una posible censura parlamentaria, algunos ministros quieren evitar que los llamen terroristas o caviares y se lanzan a campañas poco piadosas como la de proponer la muerte civil y la expropiación acaso de sus vestidos viejos para una anciana que salió en silla de ruedas de la cárcel. Estos mismos ministros son los que ahora -tal vez acosados por el mismo miedo- consideran que sería dable indultar al terrorista Fujimori.

La semana pasada fue capturado un hombre que vendía entradas falsas para la misa del Papa. Entre 200 y mil soles costaban los lugares preferenciales. El mismo tipo de estafa es el que se cometería usando el nombre del Santo Padre para que, en aras de su llegada, se abra las puertas de la cárcel al dictador.

Todos los regímenes autoritarios comienzan y terminan así. No va a ser una excepción el fujimorismo que comenzó en 1990 y podría continuar a través de la dinastía nipona y de sus adláteres hasta bien entrado el siglo XXI.

La mejor defensa contra el peligro es no tener miedo. De ello da ejemplo la propia “Caretas”. En plena época del miedo y ante el paso aplastante o ridículo de algunos personajes, tiró portadas como “Mamita, Artola” o “Vuelve el circo”.

Ofrecer solidaridad con las primeras víctimas no es tan solo un acto de democracia y tolerancia sino también de autoprotección.

Después de Rafo León y de Caretas, seguimos nosotros. Todos.