Con PPK en Palacio

No soy un periodista asiduo de Palacio de Gobierno. Pocas veces he aterrizado ahí a lo largo de varios presidentes: Alan García, Alejandro Toledo, Valentín Paniagua. Ayer fui invitado igual que otros 40 colegas, al desayuno de Trabajo en que el Poder Ejecutivo explicó el alcance de los decretos legislativos dictados con autorización del Congreso.

Hay que saludar, en primer término, el hecho de que el Congreso, de abrumadora mayoría fujimorista, concediera esas facultades al Poder Ejecutivo, pese a ásperas discrepancias entre los dos poderes del Estado.

Buen número de los decretos son positivos y pueden mejorar los índices de nivel de vida, moral pública y seguridad ciudadana. Los referidos al proyecto de agua potable y servicios sanitarios al ciento por ciento de los pobladores es digno de aplauso. Entre otras cosas, porque no parece convalidar los planes de privatizar Sedapal.

En el Campo de la lucha contra la corrupción pública y contra el crimen organizado hay asimismo avances. La muerte civil implantada para que los corruptos no trabajen nunca más en el Estado, así como la responsabilidad administrativa y penal de las empresas comprendidas en casos de corrupción.

El fortalecimiento de la acción contra el crimen organizado atiende un clamor de los ciudadanos, y en particular de los sindicatos. En esta columna nos hemos hecho eco de la protesta y la congoja de la Federación de Trabajadores en Construcción Civil, que ha padecido el asesinato de muchos de sus dirigentes. Hemos denunciado también el hilo político de las bandas criminales, creadas para combatir el sindicalismo independiente, pero que se han convertido en semillas de crimen y muerte contra otros sectores de la sociedad.

En la información difundida ayer en Palacio se precisa que quien promueva, organice, constituya e integre una organización criminal de tres o más miembros será penado con carcelería entre ocho y quince años. Los líderes, jefes o financistas tendrán de 15 a 20 años de cárcel. Igual condena se les aplicará si causan muerte o lesiones graves durante su acción delictiva.

En la reunión palaciega me reencontré con PPK, a quien conozco desde los días en que éramos vecinos en el edificio La Nacional, sede de CARETAS. Me sorprendió su réplica cuando le comenté: “después de años…”:

-Yo te leo todos los días.

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