Comunicación y salud mental

Resulta muy difícil, casi como nadar a contracorriente, construir una autoestima sólida si somos casi ignorados por los otros la mayor parte del día. Es fácil el comprobar esta mala costumbre de ignorarnos los unos a los otros. Basta con hacer antesala en cualquier empresa o institución y anotar cuantos de los que entran o salen le dedican una mirada y quizás un esbozo de saludo a quienes están esperando. Más grave aún es el comportamiento de los que allí trabajan, los que, en su mayoría, no miran siquiera a su compañera recepcionista. O también el observar en la entrada de los colegios como los padres llegan apurados y dejan a sus hijos sin percatarse del vigilante (quizás porque está vestido de un marrón invisible).

Cualquiera de nosotros tiene muchos encuentros o interacciones en un día cualquiera y por lo tanto son también muchas las veces (la mayoría lamentablemente), en que en esos encuentros no recibimos una señal cualquiera que revele nuestra existencia. Un gesto que compruebe que hemos sido reconocidos, que el otro con el que nos toca interactuar le dé valor a nuestra presencia. Esto no es poca cosa y cualquier especialista en salud mental podrá explicarnos que la suma de este “goteo” está dañando seriamente al ignorado. Un ejercicio sencillo: recuerde usted un último encuentro (quizás hace unos minutos o una hora) y evalúelo ¿Se sintió mirado mientras le hablaban? ¿Se sintió cómodo? Me temo que las respuestas no harán sino demostrar lo que aquí estoy compartiendo con usted.

No exagero, claro que no. Escribo a partir de lo que observo y anoto. Los rostros inexpresivos cuando no amargados, adustos, son un claro síntoma de que algo no anda bien en esas personas (y son muchísimas). Que quede claro entonces: es muy importante para nosotros el ser reconocidos, es muy importante también que sepamos que nuestra presencia es valorada. Que nos llamen por nuestro nombre (sobre todo si el otro lo conoce y no lo quiere usar). El reconocimiento y la valoración de quienes somos por los otros, nos hará sentir más seguros, más confiados y quizás entonces esos rostros comuniquen algo más sano y por tanto más cercano a la felicidad.