Ascorruptos

No sé bien cómo definir el cómo me afecta el carnaval de noticias vinculadas a la corrupción. Y es que es tanta la carga noticiosa y también tantas las personas y empresas involucradas, que me resulta muy difícil el concentrarme para, en principio, reflexionar sobre los hechos y luego resolver tomando una posición respecto a ellos.

Lo que sí puedo compartir con ustedes es esta fea sensación de asco y que no se me pasa, la que, sin embargo, trato de dominar para poder pensar en lo que de verdad importa pensar Y entonces me pregunto ¿Solo una empresa brasileña es la corruptora? ¿Solo aquellos que corrompió esa empresa brasileña son los corruptos? Me temo que no quiero ver la película completa.

Las expresiones utilizadas para coimear, pedir algo (o alguito) a cambio de favores, han ido modificándose con el pasar de los años y sin embargo el asunto de fondo sigue siendo el mismo: ¿Cuánto hay para mí que soy el que autoriza? Expresiones como “faenón”, “mina de oro”, “aceitar”, “tajada”, “la mía”, etcétera. Grabaciones grotescas de autoridades pidiendo “la suya”.

Funcionarios recibiendo sumas algunas veces verdaderamente ridículas (las que vemos grabadas) al lado de funcionarios a los que se denuncia el haber recibido sumas inimaginables (las que no veremos grabadas y que no veremos jamás ya que el que podría haberlos grabado está preso); estas grabaciones muestran la evidencia y el alcance del acto ilícito, pero también nos muestran, a quienes no formamos parte del espectáculo, la pobreza espiritual en la que vivimos corruptores y corrompidos.

Es mayor la desazón cuanto más conocemos de nombres, montos, lugares y oportunidades. Siento el riesgo de una parálisis producto del shock y esta sensación se agrava cuando escucho a los políticos de siempre, ocupando el vacío de comunicación, con declaraciones pobres, flojas, como esquivando sin comprometerse frente a la muy grave situación. Resultado: crece la desesperanza.

Propongo antes que tomar posición en contra de la corrupción y sus secuelas, que hagamos el firme propósito de dejar de ser ingenuos: corrupción ha habido, hay y habrá por siempre ¿cuántas empresas que han ganado licitaciones y concursos para trabajar con el Estado (municipio, gobiernos regionales y más), pueden asegurar que no han coimeado? Me temo que muy pocas.

Después de ser ingenuos tomemos posición y hagámonos el firme compromiso de interesarnos por lo que hacen las autoridades (que nosotros elegimos) con los dineros de todos nosotros. Pero interesarnos de verdad, preguntando, analizando, opinando, acusando. Para que vuelva la esperanza es necesario limpiarnos del asco de la corrupción.

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