Asalto a la privacidad

La exigencia del número del DNI para apuntarlo en la cédula censal indicaba que algo extraño sucedía. Los que nos negamos a violar el anonimato elemental de un censo, descubrimos que existía la opción “no recuerdo”. Sin embargo, el desconcierto de los jóvenes voluntarios resultaba evidente, pues la orden de sus capacitadores fue imperativa. Debían identificar al censado.

Tal cosa encontró una oscura respuesta al ver la publicidad de dos empresas privadas impresa en las etiquetas de notificación. Cuando salieron a luz los ilegales convenios con tales entidades, vimos que el INEI se compromete a entregarles la base de datos, con información confidencial de 32 millones de peruanos.

Probablemente sea el secuestro de datos privados más grande y mejor organizado montado en el Perú, con la abierta participación de las autoridades gubernamentales.

Varias de las preguntas violaban el derecho a la privacidad sin ningún miramiento. La desesperación por obligar a confesar creencias religiosas o enfermedades, sumada al lamentable esfuerzo oficial por resucitar el racismo, no auguran nada positivo.

¿Qué política pública puede formularse para un amazónico protestante, un mulato católico, un blanco mormón o un quechua ateo? Ninguna en particular. Salvo que sirvan para las disputas entre religiones que se burlan de los derechos constitucionales, tratando de imponer sus normas de vida particular a toda la sociedad.

Al revelarse el propósito de entregar millones de datos a negocios particulares, el asalto a la privacidad queda confirmado. Si ya los usuarios de 30 millones de teléfonos vivimos agobiados por la invasión cotidiana de publicidad ilegal, de patrones acostumbrados a robarse información unos a otros, ignorando por completo la ley de protección de datos, ahora la universidad del original César Acuña y otra empresa de “bebidas energizantes”, conocerán nuestra vida privada.

Encima, las respuestas a casi todas las preguntas, ya las tiene el Estado. Lo que no poseían los “auspiciadores”, era la información ordenada, con nombre y apellido, para beneficio propio.