Alzas en tiempo de la cólera

La violenta protesta de ayer en Puente Piedra por un cambio en la tarifa del peaje expresa la crispación ciudadana por las continuas alzas en el costo de vida. Ese mismo estado de ánimo se exhibe en el descontento por el hecho de que el público pague a través de sus recibos de electricidad un subsidio para financiar el gasoducto del sur.

Varias bancadas del Congreso elaboran proyectos para eliminar ese cobro abusivo, destinado a reemplazar la inversión privada de un consorcio encabezado por Odebrecht.

Al mismo tiempo, el continente es recorrido por una ola de protestas. En México, el pueblo se ha alzado contra la subida de los combustibles hasta en 20 por ciento. El país azteca ha experimentado cinco días de desórdenes en las principales ciudades. Esto ha causado ya una muerte y la detención de más de 500 personas, señal del carácter masivo de la lucha.

Nada perturba, sin embargo, al presidente de México, Enrique Peña Nieto. Acaba de declarar que no dará marcha atrás en la medida, “porque los efectos serían peores”. El político que ejerce el poder en contra de Pemex, la petrolera estatal, y prometió privatizarla en parte, sabe que eso ofende la historia y la dignidad de México. Ahora le echa la culpa a los precios internacionales del petróleo, que ha empezado a subir. Cabe preguntarse: ¿qué tiene que ver el precio internacional con el precio interno?

En Argentina, gobernada por otro neoliberal, no se detiene la marea de las alzas, así como crecen las justas protestas.

El panorama latinoamericano es de crisis económica y descontento, y de fracaso de la receta del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. La derecha más ciega se niega a aceptar esa realidad.

El miércoles, el empecinado Jaime de Althaus aseguró que el anuncio de Ford de retirar de México una inversión de 1.600 millones de dólares, inspirado en el programa proteccionista de Donald Trump, estaba condenado al fracaso porque no obedece a las leyes del mercado.

¿Cuáles leyes? ¿las de Odebrecht, las de Mauricio Macri, las de Peña Nieto? ¿Las de los políticos corruptos como los neoliberales Alberto Fujimori, Alan García, Alejandro Toledo, Ollanta Humala, dispuestos a vender el país por una coima en dólares?

Lo que apena en el caso peruano es que no existe un frente que encarne y guíe el descontento. Lo que hay acá es una izquierda dividida, dividida por infiltrada. La derecha del quijotismo reaccionario, no tiene –por el momento– un gallo que le dé pelea.

Reacciones