Al borde de la clasificación, del indulto y la ingobernabilidad

Pedro Pablo Kuczynski y la selección peruana de fútbol con Paolo Guerrero Edwin Oviedo Ricardo Gareca

La selección peruana está a 90 minutos de poder obtener su boleto para el mundial de Rusia 2018. Alimenta nuestra fe el hecho que el 2017 ha sido un gran año para nuestro equipo de fútbol y que el entrenador peruano, Ricardo Gareca, transmite la serenidad que permite jugar en alerta pero sin que la presión nos mate como les ocurrió a los jugadores de Argentina de cara al gol en La Bombonera.

Perú jugará con cuatro de sus titulares descansados lo que incluye a dos de sus jugadores más desequilibrantes (Carrillo y Cueva). El equipo peruano ha ido de menos a más, mientras Colombia ha ido de más a menos. Juega a favor de Perú que nuestra selección viene de obtener un buen resultado en Buenos Aires, mientras que Colombia viene de perder en casa con Paraguay.

Pero, a pesar de los nervios que puede generar estar al borde de la eliminación después de estar a minutos de la clasificación, el equipo cafetero es uno de los mejores equipos del mundo, así que el partido de mañana está para cualquiera.

Los dos equipos se jugarán el todo por el todo, pues a Perú solo le queda ganar para volver a una cita mundialista y romper 35 años de mala racha y ese resultado dejaría fuera del mundial de Rusia a la selección colombiana. El desenlace lo sabremos el martes y todos llegamos motivados gracias al excelente desempeño reciente de la nueva hornada del fútbol peruano.

EL INDULTO
Pasando al escenario político, diera la sensación que el gobierno en el marco de la algarabía que genera la posibilidad de que la selección peruana pueda jugar en un mundial, está dando pasos claros hacia el indulto al presidente Alberto Fujimori.

El último paso ha sido el cambio de los miembros de la Comisión de Gracias presidenciales en un contexto en el que las declaraciones de PPK con relación a la muerte del presidente Augusto B. Leguía complementan los mensajes de sus ministros con relación a la necesidad de reconciliación entre los peruanos. Yo estoy de acuerdo en que nadie merece morir en la cárcel, pero si no se cumplen los requisitos de un indulto humanitario, se van a generar dos problemas gravísimos.

El primero es que la gobernabilidad estaría severamente afectada por el inicio creciente de movilizaciones de protesta masivas. Es cierto que en el corto plazo hay una cierta inmovilización, como consecuencia de la efectiva campaña de Kenji Fujimori tratando de mostrar la gravedad de la situación de salud de su padre, pero también es cierto que amplios sectores progresistas y antifujimoristas, que aprueban a PPK en las encuestas, se sentirían traicionados por un indulto que se otorgaría indebidamente.

PPK -en el escenario del indulto- podría quedar muy aislado. Por un lado, el gobierno no tiene apoyo empresarial claro pues la economía no se reactiva y, por el otro, podría terminar con una oposición social intensa causada por el indulto.

El indulto puede, además, catalizar el resentimiento que existe debido a que las políticas económicas priorizan mucho las medidas favorables a los intereses de la inversión y no ofrecen resultados a favor de los intereses de los trabajadores y de las mayorías.

Así las cosas, PPK podría estar gestando su propio camino al abismo político. Esperemos no tener que pasar de la algarabía de la clasificación a un enfrentamiento intenso que polarice a la sociedad y cause la culminación de de forma adelantada de un gobierno que, al otorgar el indulto, extinga la división en el fujimorismo e induzca a la familia Fujimori a ir por el poder sin descartar la vacancia.

El indulto, en el contexto de una desaprobación creciente del gobierno, puede ayudar a que se cumpla el sueño de Keiko Fujimori de unas elecciones adelantadas convocadas por un congresista del fujimorismo. Esperemos no llegar a tanto.