AG: “El patrón del mal de la política nacional”

Si hay alguien en el Perú que se cree o pretende ser intocable, como alguna vez creyó serlo Pablo Escobar en Colombia, es el expresidente Alan García, a quien le cae como anillo en el dedo la chapa de “El patrón del mal de la política nacional”.

Para García cualquier acusación, cualquier investigación en contra de sus adversarios tiene validez y exige cárcel para los corruptos. Sin embargo, cada vez que se trata de procesos en su contra o de apristas estrechamente ligados a él la figura cambia: o hay un afán perverso de los fiscales y de sus opositores por implicarlo, o todos son unas “ratas” menos él.

Eso es lo que ha sucedido en los últimos días. El miércoles pasado, por ejemplo, García criticó al fiscal José Castellanos por ampliar a 36 meses la investigación que le sigue por el presunto delito de lavado de activos.

Puso el grito al cielo, mientras sus congresistas hacían lo mismo virulentamente en el Parlamento. No les gustó nadita que el líder aprista sea investigado como si fuera el líder de una presunta organización criminal con tres niveles de testaferros dedicada al blanqueo de bienes y dinero provenientes de crímenes de corrupción desde 1991. Una organización, bien estructurada, como la tuvo el cártel dirigido por el colombiano Pablo Escobar o las mafias italoamericanas en Nueva York o Chicago (EE. UU.).

Para el fiscal Castellanos, el exmandatario es el capo de una organización criminal, donde los personajes de su entorno más íntimo estarían involucrados en sobornos.

Así lo evidencian las últimas revelaciones sobre los sobornos por casi US$8 millones que Odebrecht admitió haber pagado a funcionarios del gobierno aprista por la línea 1 del Metro de Lima. Documentos de la Banca Privada de Andorra entregados al Ministerio Público confirman que el exviceministro de Comunicaciones Jorge Cuba, el exfuncionario de Transportes, Edwin Luyo, y otros recibieron dicha suma, y seguramente mucho más.

Si García se cree inocente no tendría por qué alterarse. Así como afirma que “la plata llega sola” y “el que no la debe no la teme”, debería tranquilizarse y colaborar para que lo investiguen de acuerdo a ley y transparencia.

Pero suena inverosímil que funcionarios de sus dos gobiernos hayan ejecutado decisiones trascendentales de obras de gran envergadura, sin que García se haya dado cuenta. ¡A otro perro con ese hueso!

Luyo y Cuba no fueron funcionarios del montón. Tenían cargos importantes dentro del engranaje aprista. Eran funcionarios de altísimo nivel y respondían solo al ministro y al Presidente la República.

Acá todo indica que esta mafia de corruptos buscó una columna de testaferros para ocultar el dinero de las coimas. Que se investigue y se sancione a los culpables para desterrar la impunidad de nuestro país.

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