25 años después

Ayer se cumplieron 25 años de la captura de Abimael Guzman, captura que puso fin a la pesadilla de 12 años de terror y al sueño senderista de equilibrio estratégico e inminente toma del poder. A la caída de la tarde de aquel día, el presidente Alberto Fujimori pescaba en un río de Iquitos y su asesor Vladimiro Montesinos asistía a un cóctel en la embajada de Gran Bretaña, mientras agentes del Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) de la Policía capturaban al jefe de Sendero Luminoso.

Esa captura fue producto de un trabajo paciente y pacífico de un grupo de policías, que con esa estrategia –a diferencia de la guerra sucia del régimen basada en matanzas y torturas– se trajo abajo la organización criminal senderista y su mito de victoria armada.

En el 2011, con motivo del 460 aniversario de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, el Centro Cultural sanmarquino editó un volumen histórico de gran formato y más de 400 páginas. Tracé allí una visión del San Marcos político titulada: San Marcos. Nudo de inquietudes, plaza de victorias. Sobre el rol de Sendero en San Marcos escribí:

“Premunidos de una pasión militarista, sus mílites no vacilaban en asesinar catedráticos, en universidades como la del Centro o la Universidad Nacional de Ingeniería, comuneros, dirigentes sindicales, al mismo tiempo que sufrían la guerra sucia de la fuerza pública: desapariciones, torturas, juicios sumarios, asesinatos.

“San Marcos se vio inundado, en su interior y en su exterior, por pintas senderistas. Eran ejecutadas de noche por grupos alojados en la residencia estudiantil. Un puñado de profesores solía ordenar huelgas que paralizaban durante meses las actividades, y que eran acatadas por temor u oportunismo, más que por convicción.

“Sendero seguía su acción con fanatismo impropio de revolucionarios, a quienes Lenin recomendaba tener el corazón ardiente pero el cerebro frío. Abimael Guzmán, el máximo dirigente del movimiento, aseguraba que su ejército había logrado ya el equilibrio estratégico, es decir el empate, frente a las fuerzas del orden. El exalumno y profesor sanmarquino Carlos Iván Degregori recuerda en su libro Qué difícil es ser Dios las declaraciones de Luis Arce Borja, vocero de Sendero en Europa, quien declaraba al semanario alemán Der Spiegel, poco antes de la captura de Guzmán: “Estamos a punto de tomar el poder. El enemigo está atemorizado… No le queda más que capitular sin condiciones. No hay nada que negociar”.

El general PNP (r) Ketín Vidal me reveló en entrevista periodística que apenas se conoció la caída de Guzmán, un grupo de oficiales del Ejército le pidió que le entregase al capturado. Vidal se negó. Se presume que el sector castrense quería matar al jefe senderista.