2018: ¿Año del diálogo y la reconciliación nacional?

Kuczynski, el presidente paria, sin partido, casi sin bancada, detestado por la mayoría del Perú, quiere que su indulto ilegal sea consagrado como el inicio de una reconciliación nacional.

Como de costumbre, la visión de Kuczynski es amoral, no se da cuenta que no puede haber una reconciliación nacional como consecuencia de un indulto ilegal. No tiene conciencia ética de que la esencia de una reconciliación nacional implica que Fujimori reconozca sus crímenes, se arrepienta de ellos, pida perdón y otorgue a las familias de sus víctimas una justa reparación civil. Así se hizo en la Sudáfrica de Mandela con los crímenes del Apartheid.

En este indulto no ha habido nada de esto. Fujimori sigue mentiroso. No está moribundo, y dice que fue “sorprendido por el indulto” cuando él mismo lo ha negociado con PPK. Tampoco ha pedido perdón; solo ha dicho “que lo perdonen los que han sido defraudados por su gobierno” ¡Para él, no han habido crímenes – solo defraudados por su gobierno!

Hoy, la más alta autoridad humanitaria de las Naciones Unidas, el Alto Comisionado de los Derechos Humanos y las más prestigiosas organizaciones globales que defienden estos derechos, Amnistía Internacional y Human Rights Watch han rechazado el indulto. También en el ámbito regional la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Y sobre todo, este indulto es ilegal porque viola dos tratados, que al haber sido aprobados por el Congreso del Perú, son parte de la legislación nacional. Estos tratados son la Convención sobre la imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de Lesa Humanidad, que no permiten el indulto de estos crímenes, y el Estatuto de la Corte Penal Internacional, donde se señalan como Crímenes de Lesa Humanidad, homicidios calificados como los de los Barrios Altos y la Cantuta.

El incumplimiento de la legalidad nacional e internacional degradará la imagen del Perú a la de una republiqueta bananera que no reconoce sus obligaciones internacionales. Pronto veremos los apuros de nuestros diplomáticos tratando de defender lo indefendible.

La reconciliación nacional es una farsa. Lo único que existe hoy es un indulto humanitario espurio, un presidente traidor con los que votaron por él, y un exdictador nada moribundo, nada arrepentido, libre y muy rico con los ciento de millones de dólares a los que se suman los millones que ganó con el tráfico de armas, como fue la venta clandestina de 10,000 Kalashnikov para la FARC.

Y todo esto como consecuencia de tener un presidente que ha probado no estar a la altura de un estadista y que ha perdido totalmente legitimidad al perdonar, en plena lucha contra la corrupción a Fujimori, que según el ranking de corrupción internacional, es el séptimo Jefe de Estado más corrupto del mundo.