2017: entre la crisis de régimen y la esperanza nacional

Desde el primer semestre del nuevo gobierno PPK muestra la impronta futura de su atenazada geografía política. El escenario político de las tres mitades (PPK, FPK y FA-progresismo), muestra ahora una república dominada por la plutocracia financiera, pero entrampada en enfrentar sus graves problemas estructurales. Vive en constante síntomas con problemas crecientes de crisis del régimen lobista, mientras crecen las esperanzas de afirmación ciudadana de la patria.

Se ha entrado a una crisis de régimen. La reactivación económica se deja a mayores ganancias financieras obtenidas al acrecentar la mayor desigualdad económica, con la precariedad de la flexibilización del trabajo y la privatización y mayor desigualdad en los servicios públicos.

Se busca reemplazar el anterior inicial impulso constructivo de grandes proyectos mineros (especialmente del corredor minero del sur), por megaobras de infraestructura de gran endeudamiento público, sin la elevación de la productividad y diversificación de la economía nacional.

Las obras públicas “anclas”, tienen escandalosos beneficios contractuales. Los ingresos no provienen de elevar nuestras capacidades productivas nacionales descentralizadas, con asistencia técnica y crédito en la industria, el agro y los servicios , sino se obtienen de la “peladilla mineralizada”, esto es, de la destructora pesca masiva de la anchoveta juvenil (peladilla) y de los incrementados beneficios a la exportación de materias primas, especialmente mineras, y del regalo de las rentas y activos estratégicos como el gas de Camisea, los hidrocarburos y la biodiversidad.

En estas condiciones campea la desigualdad en la vida cotidiana de los peruanos. Y la oferta de la Republica lobista a futuro es incrementarla. Y se hace cuando el narcotráfico, que sigue impune, corroe la vida, las instituciones, el poder. La corrupción crece y algunos pretenden hacerla una norma.

Dos aspectos expresan esta crisis de régimen. Uno es el desafío para sancionar las corruptelas probadas de los sobornos de Odebrechet en obras públicas a los principales responsables de los 4 últimos gobiernos: Fujimori, Toledo, García y Humala.

Otro es impedir que en medio de la crisis, vía un pacto de cogobierno, retome el poder la mafia que capturó e impuso el Estado Mafioso entre 1992 y el 2000, y que ahora recupera posiciones claves en las diversas áreas estratégicas el Estado para volver a capturarlo.

Ante estos inmensos retos, el nuevo año 2017 es de inmensa responsabilidad nacional. Hay que enfrentar decididamente los dos aspectos actuales de la crisis de régimen. Persistir en afirmar la democracia, unir a la patria y conquistar mejores condiciones de vida, trabajo y desarrollo.

Desde el poder de la ciudadanía, organizada y movilizada, se debe trabajar para que se abran las anchas alamedas del sufragio democrático, en las elecciones municipales y regionales del 2018 y en las generales del 2021, en el Bicentenario, para afirmar y proyectar en el Perú la Republica de Ciudadanos que nos legaron Túpac Amaru, Sánchez Carrión y José Carlos Mariátegui.

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