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Especial

Claves para entender Ucrania

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Claves para entender Ucrania

En pocos días, Ucrania pasó de un escenario de guerra civil a otro de secesión –o desintegración territorial– y, a la par, de guerra contra un enemigo extranjero. La polarización “interna” entre sectores proeuropeos y promoscovitas, delineada en las continuas y violentas manifestaciones en contra del gobierno de Viktor Yanucovich, desde que se negó a firmar un Acuerdo de Cooperación con la Unión Europea (UE) y, en un giro hacia Rusia, aceptó el acuerdo que le ofreció el gobierno de Moscú para importar gas a precios subsidiados, condujo a la destitución del presidente y a la conformación de un “gobierno de transición” –previa violación por parte de la oposición del acuerdo firmado con el gobierno depuesto para buscar una salida negociada al conflicto, del cual Alemania, Francia, Polonia y Rusia eran garantes–, que el presidente ruso, Vladimir Putin, calificó como “el resultado de una insurrección armada” y como “un golpe de Estado anticonstitucional”.

El nuevo gobierno, nacido de las filas de la oposición prooccidental y con algunos miembros ultranacionalistas, por no decir fascistas, que la Unión Europea se apresuró a reconocer, lejos de resolver la crisis política reconfiguró el conflicto. El Kremlin denunció a través del canciller, Serguei Lavrov, que “los que han tomado el poder en Ucrania están imponiendo su victoria para atacar los derechos fundamentales de los rusos” y “hay que defenderse de esta agresión”, visión que motivó el desplazamiento de buques militares desde las bases rusas del Mar del Norte y del Báltico, además de blindados, a la base militar rusa del Mar Negro, en la península de Crimea. La península de Crimea está bajo soberanía ucraniana, pero por dos acuerdos firmados en la posguerra fría, Rusia conservó el derecho a mantener el 86 por ciento de sus fuerzas militares en el territorio, que le alquiló a Ucrania hasta el año 2042. A la par, Estados Unidos anunció medidas de apoyo militar a los países de la Alianza Atlántica (OTAN) que limitan con Rusia, en un intento por aumentar la correlación de fuerzas a su favor y de restarle influencia a Rusia.

A este escenario en el cual Washington y Moscú se disputan el control militar regional, se sumó el desconocimiento del gobierno de Kiev por parte de los habitantes de la región de Crimea, de fuerte identidad rusa, que adelantaron la realización de un referéndum de autonomía regional para el 16 de marzo. La región de Doniestk se pronunció en la dirección de un referéndum autonómico –Kiev, Crimea y Doniestk son las tres regiones más importantes de Ucrania–.

LAS CONDICIONES DEL PRESIDENTE ESTADOUNIDENSE

LAS CONDICIONES DEL PRESIDENTE ESTADOUNIDENSE
El significado de la intervención de Obama
En medio de la escalada, Alemania, Francia, Inglaterra y Estados Unidos, además de la ONU, llamaron a Rusia a respetar la “soberanía” y la “integridad territorial” de Ucrania y, a la vez, el presidente Barack Obama advirtió a Moscú que “si continúan en el camino actual –de mantener a sus fuerzas militares en Crimea–, nosotros estamos entonces examinando una serie de pasos económicos y diplomáticos, que aislarán a Rusia y tendrán un impacto negativo en su economía y estatus en el mundo”, a lo que Putin respondió que las sanciones internacionales contra Rusia serían contraproducentes y perjudicarían a todas las partes, en un mundo “donde todo está relacionado y todos dependen unos de otros”. La verdad es que Ucrania tiene una enorme importancia geoestratégica para todos los actores involucrados en el conflicto, lo que hace difícil pensar en un escenario de confrontación militar abierta. Por su territorio pasan cuatro gasoductos que transportan desde Rusia el 80 por ciento del gas que consume Europa y el 50 por ciento del gas que consumen los propios ucranianos. Rusia es, a la vez, uno de los principales mercados para los productos provenientes de Ucrania.

El significado de la intervención de Obama

Pero la posibilidad de una desintegración del territorio de Ucrania, de la que ahora europeos y norteamericanos previenen a Rusia, es muy alta y está relacionada con la crisis de legitimidad interna ya señalada, en la que mucho tienen que ver los intereses de la UE y de los organismos financieros en las empresas ucranianas y en los préstamos internacionales hacia el país. El acuerdo de cooperación con el bloque europeo, que el depuesto Yanucovich se negó a firmar y que implica duras condiciones de ajuste, recortes del Estado y privatizaciones de las empresas ucranianas, a cambio del financiamiento por parte del FMI para afrontar la crisis por la que atraviesa el país –en la misma dirección va el anuncio del gobierno de Obama de una “ayuda” de 10 mil millones de dólares y el préstamo que anunció Bruselas por 11 mil millones de euros para Kiev–, y de la futura incorporación del Estado al bloque fue el disparador de la crisis. En aquel momento, las manifestaciones de sectores medios, movilizados por las “oportunidades” que podía brindar la integración en la UE –básicamente visas–, incentivados en sus reivindicaciones por una oposición pro Occidente, que en lugar de orientar institucionalmente las reivindicaciones se dedicó a incentivar la violencia, y las tácticas de un gobierno que, en vez de buscar consensos, intentó imponer el orden represivo, terminaron en la conformación de un gobierno faccioso, sin legitimidad. A esto hay que agregarle la intervención en los asuntos internos del país de la cual la conversación filtrada –en YouTube– entre la secretaria de Estado adjunta para Europa y el embajador norteamericano en Ucrania, en la que discuten la “transición política” en el país, dejó rastros.

Paola Bianco
Analista internacional (Flacso) publicó este texto en el diario argentino Página 1223.

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Especial

En el antiguo Perú la homosexualidad era normal

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Huacos eróticos
José Luis Vargas Sifuentes

José Luis Vargas Sifuentes

—¿Cómo era vista y tratada la homosexualidad en el antiguo Perú?

—Tanto la masculina como la femenina era vista como algo normal, no había condena al respecto. Esto cambió con la llegada de los españoles y la imposición de la religión católica.

La homosexualidad femenina era muy conocida entre los precolombinos. Los incas tenían en gran aprecio a las mujeres que se desenvolvían en el trato social como si fueran varones, gozando de muchos privilegios e incluso podían participar en combates y relaciones entre ellas. El lesbianismo estaba idealizado como conducta sexual en los estratos nobiliarios incas.

Había sociedades matriarcales dentro del mundo inca como lo señala Antonio de Herrera y Tordesillas que revela que algunas etnias de mujeres tenían papeles masculinos y estaban situadas en la zona incaica del Amazonas. Eran conocidas como amazonas. Esos pueblos cultivaron fuertes relaciones comerciales con todo el imperio inca y fueron muy respetadas. Hubo una reina amazona llamada Goboimilla -que significa “cielo de oro”-, que pagaba tributo al emperador con ropa tejida. Los incas denominaban chachankwarmi, kakcha, warkana o komi a las lesbianas.

A esas ‘mujeres varoniles’ se les permitía ir a la guerra, como ocurrió con Chanan Cori Coca, quien peleó valerosamente cuando las chancas atacaron el Cusco, y era muy recordada según versión de Santa Cruz Pachacuti. Su historia es descrita por un historiador de la Universidad Complutense de Madrid, y está consignada en mi libro. Cápac Yupanqui, al parecer, sentía especial predilección por ellas.

—Por alguna lectura supe que los incas tenían relaciones tanto con mujeres como con hombres, ¿eran bisexuales? ¿Esto le permitían al pueblo o era reservado solo para las clases altas?

—La práctica de la sodomía era común en muchos pueblos del imperio, como los cañaris, huancabambas, huancavilcas, yungas y pobladores de Guaylas, según lo relatan Cieza de León, Martín de Murúa y Garcilaso de la Vega, entre otros; aunque fue reprimida, castigada por el inca, y desterrados muchos de ellos, pero se practicaba a escondidas. Sin embargo, y contradictoriamente, se criaban homosexuales para el servicio de los templos, debido a que su presencia formaba parte de sus creencias religiosas.

LA REPRESIÓN DE LOS CONQUISTADORES

—Tengo entendido que la práctica del sexo en esas épocas era totalmente diferente a como la concebimos actualmente. ¿Qué características especiales tenía?

—Cuando hablamos de la sexualidad en el tiempo de los incas debemos tener cuidado de calificar su comportamiento con la mentalidad que tenemos hoy en día. Cuando se habla de que muchos incas se casaban “con su hermana”, debemos entender que lo hacían en acatamiento de su origen divino y para conservar su pureza de sangre.

Además, el término ‘hermana’ no implicaba que esta lo fuera de padre y madre, pues el inca que no tenía hermana mujer recurría a la panaca principal, es decir a su descendencia, y tomaba la mujer que fuese más prestigiosa como lo señala el cronista Cieza de León:

Para los incas el sexo era algo normal, no pecaminoso, sucio, abominable, etc., como lo consideraban los religiosos españoles y lo siguen considerando hasta ahora. El sexo tenía una connotación religiosa, la unión de los dos sexos estaba también asociada a la fertilidad de la tierra, los animales y las plantas. Para los incas la mujer era como la Pachamama que para ser fértil necesitaba del dios macho de la lluvia, que la fecundaba con el agua. Producida la ‘cosecha’ (procreación), se iniciaba un período de abstinencia.

—Imagino que a los conquistadores españoles les pareció terrible, por su religión, esas prácticas y de seguro las prohibieron. ¿Qué les decían o cómo les explicaban que las hagan de tal o cual forma?

—Entre los incas la práctica sexual gozaba de amplia libertad pero mientras estuviesen solteros, pues cuando se casaba la mujer se dedicaba exclusivamente a su pareja. Para los hombres, sobre todo de la nobleza, no existían limitaciones, pues practicaban la poligamia. La práctica más común, que data de tiempo inmemorial, llamada servinacuy, tincunacuy, tincunacuspa, sarlasi, topacashca, y otros nombres, fue duramente criticada por los cronistas y combatida, aunque sin éxito, por los conquistadores durante la conquista y el virreinato.

El cruel y despiadado virrey Toledo dictó la Ordenanza VIII que prohibía a los caciques e indios en general tener en su casa hermana suya ni cuñada, tía ni prima hermana ni manceba de su padre, que fueran menores de 50 años; y también al hermano tener en su compañía a hermana menor de 50 años, llegando al extremo de prohibir que alguna india moza sirviera ni dé beber a su hermano, cuñado, tío ni primo si estos fueren menores de 50 años.

Huacos eróticos

—¿Cuáles eran sus posiciones favoritas en la práctica? ¿La disfrutaban por igual hombres y mujeres o había alguna restricción?

—El famoso y muy difundido Kamasutra hindú habla de 64 poses o posiciones amatorias, en gran parte inspiradas en las relaciones entre los animales. En el caso de los incas, nos debemos remitir a los mal llamados ‘huacos eróticos’. Repito lo que dicen los historiadores: no tienen por finalidad excitar el apetito sexual, como hacen las revistas y videos pornos en las redes sociales. La cerámica mochica muestra ocho posiciones, que pueden ser resumidas en cinco con variantes, que no es el caso detallar. Aunque según los huacos la mujer copula generalmente desnuda, pero el hombre no.

Practicaban el acto sexual con la naturalidad que ingerimos nuestros alimentos cada vez que tenemos hambre, como opina la antropóloga Luisa Elvira de la Puente.

—¿Lo practicaban también con animales?

—El contacto sexual entre seres humanos y animales, es decir, la zoofilia, es un lugar común en las mitologías de muchos pueblos. Pero en el arte cerámico mochica, esos contactos son virtualmente inexistentes. Se ve a unas cuantas mujeres con criaturas que tienen cabeza de animales y cuerpo humano, pero es presumible que se trate de seres sobrenaturales o de hombres enmascarados, pero no animales. Existen dos huacos, uno más o menos explícito; y otro, un caso probable de coito humano-animalístico. En ambos el ser humano es femenino. El primero representa a una mujer sentada, arrimada, y quizá abrazando a un pájaro en forma de pingüino, tan grande como ella. La posición de la pareja es similar a la que se observa en las escenas acariciatorias entre humanos.

—¿Lo practicaban en grupo o solo entre dos?

—No existen evidencias de relaciones sexuales grupales, como los célebres bacanales o las orgías en tiempo de los romanos. A lo mucho, como refiere el cronista Pedro Pizarro, era práctica común en los ejércitos incaicos la licenciosa danza de la cachua, baile en rueda, en la que se consumía chicha a discreción, acompañado de sexo libre. Mientras danzaban, solía “sacar el indio a la india que tenía por la mano del corro, y desviándose un trecho se echaba con ella; y cumplida su voluntad se volvía al baile, y ansí lo usaban todos, cada uno en su generación”. Algo parecido a lo que ocurre con los jóvenes que se van los fines de semana a la playa, se emborrachan, llevan a su pareja o a cualquiera que esté dispuesta, se acuestan, vuelven a la fiesta, y aquí no ha pasado nada. El cronista hace hincapié en que estas prácticas en los ejércitos del inca se hacían siempre entre personas que se consideraban del mismo linaje y de la misma generación.

—¿Su práctica era algo normal o había ciertas limitaciones?

—Entre los jóvenes y adolescentes se practicaba el sexo sin ninguna cortapisa e incluso se podía tener hijos. Las relaciones sexuales entre los jóvenes estaban bien vistas. En este tipo de relaciones era habitual que ella quedara embarazada, alrededor de los 18 años, con lo cual demostraba que era fértil y su valor aumentaba. El que la chica fuera demandada era símbolo de atracción, le daba prestigio social y le era más fácil tener pretendientes. Más aún, en los casos en que el servinacuy acababa con ruptura, y había hijos de por medio, estos eran aceptados y se iban con su madre de regreso a su hogar materno. La cosa cambiaba cuando la mujer se casaba, pues en esos casos la mujer mantenía su castidad y se dedicaba a su esposo y a sus hijos. El cronista Pedro Pizarro atestigua que “las mujeres comunes y pobres guardaban castidad a sus maridos después de que se casaban”.

EXISTÍAN “SACAVUELTEROS”

—¿Existía el adulterio? Si la respuesta es afirmativa, ¿cómo reaccionaban frente a los “cuernos”?

—Debido a la poligamia de los hombres de las altas clases sociales, en el Imperio Incaico escaseaban las mujeres. Muchos hombres estaban obligados al celibato forzoso, por culpa de los acaparadores, empezando por los incas, cada uno de los cuales acumulaba un mínimo de 200 concubinas a su servicio, que en algunos casos superaban el medio millar. Como consecuencia de ello, los indios comunes no mataban a su mujer ni rompían con ella si la sorprendían en adulterio, ya que si lo hacían difícilmente iban a conseguir otra. Por tanto, tenían que aceptar convertirse en ‘venados’.

—¿Los jóvenes recibían educación sexual?

—Se ignora si los pobladores del imperio incaico informaban a sus hijos sobre el tema. Lo más probable es que, por tratarse de un pueblo eminentemente campesino, los niños adquirían sus conocimientos por la observación directa de las cópulas entre llamas, perros y otros animales… o viendo a sus propios padres, pues, por lo general, todos dormían en una misma cama.

Otro era el caso de las clases elevadas, entre las que, según lo referido por Bernabé Cobo, existían las ‘nodrizas eróticas” que instruían a los adolescentes acostándose con ellos. Dice el cronista: “Los padres daban a sus hijos cuando eran niños una mujer que los limpiase y sirviese hasta que tuvieran edad… Pero antes de que se casasen, estas amas les enseñaban vicios y dormían con ellos, con el beneplácito de los padres… Y esta nodriza quedaba como manceba del joven, aún después de que él se casaba.” Esto significa que el joven tenía que pagar la enseñanza recibida hasta que su ‘maestra’ se cansara o ya no quisiera.

—¿Qué te motivó a escribir un libro sobre sexo en el Tahuantinsuyo?

—En realidad, la sexualidad en el imperio de los incas era una parte de todo un trabajo muy completo sobre el Imperio de los Incas, desde sus orígenes, la conquista y la lucha por la reconquista; diversos temas como legislación, economía, industria textil, artes, ciencia, tecnología, medicina, universo mágico-religioso, etcétera, incidiendo en temas poco conocidos o no difundidos.

Fue una idea del escritor Enrique Congrains, con quien manejábamos una empresa editorial que dio a luz numerosas publicaciones de diferente temática lo que quedó en suspenso por diversos motivos pero decidí continuar mi investigación en la parte del sexo en diversas publicaciones peruanas y de fuera. Espero publicar el libro en poco tiempo, más aún teniendo en cuenta que vivimos una peligrosa etapa de feminicidios, abusos contra las mujeres y contra la comunidad LGTB (o LGTBIQ).

 

DENIS MERINO
COLABORACIÓN

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Especial

A un siglo de la conquista de la jornada laboral de 8 horas

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Marcha protestas por las 8 horas trabajadores cien años

Hace cien años, el 15 de enero, el gobierno estableció la jornada de 8 horas, tras una huelga general que había empezado días antes.

Lima y Callao despertaban entonces al capitalismo industrial.

Las empresas textiles, de electricidad, fundición, comerciales y bancarias y los talleres artesanales se reproducían.

En ese momento, Lima tenía unos 176,000 habitantes y comprendía el Cercado, los Barrios Altos y Bajo el Puente, un espacio en el cual ocho líneas de tranvías eléctricos aseguraban la circulación urbana, a las que se añadían una a Chorrillos y otra al Callao.

Para hacer funcionar estas empresas sus propietarios reclutaban trabajadores, en su mayor parte mestizos, que vivían en pequeños cuartos de viejas casas y callejones, muchos de ellos inmigrantes provincianos. Los puestos de oficina fueron cubiertos por vástagos de las familias blancas venidas a menos.

Era un capitalismo emergente que, como uno de sus efectos, turbaba la quietud mayestática, monástica y estéril de Lima, heredada del virreinato.

Los obreros ingresaban a sus centros de trabajo muy temprano y salían unas doce horas después; y parecía no importarles ser explotados tanto.

Estaban contentos; tenían de qué comer ellos y sus familias, y sus hijos iban a las escuelas primarias. Algunos leían los periódicos, revistas y libros que se distribuían en Lima.

En suma, se asimilaban a la vida urbana, tan distinta y paupérrima para ellos, pero mejor y alentadora de esperanzas que la existencia feudal, bucólica y pueblerina que habían dejado atrás.

EL PROMOTOR INTELECTUAL

Manuel González Prada había retornado de Europa en mayo de 1898. Seis años antes, su esposa y él habían partido a Francia luego de intuir que sus discursos iconoclastas habían tocado fondo y serían leídos en adelante, tal vez, solo como piezas literarias.

Volvía cargado con la materia más explosiva y peligrosa para el establishment: la ideología anarquista, que cuadraba bien con su rechazo a las arbitrariedades y los abusos del Estado oligárquico y mostraba la realidad de la explotación de los trabajadores.

Sus discursos se orientaron, por lo tanto, a ilustrar a quienes podrían ser los actores de un cambio fundamental en el Perú.

En 1906 publicó su primer artículo sobre la jornada de 8 horas y continuó esta campaña con otros que dio a conocer en los años siguientes al celebrarse el 1º de Mayo. Varios de los trabajadores más instruidos de Lima se le acercaron, y él los recibió en su casa, afable y familiar.

Les expuso lo que pensaba y promovió sus intervenciones para llevarlos al convencimiento de que no eran solo esclavos asalariados, sino, sobre todo, personas cuyo intelecto debía cultivarse para comprender que formaban una clase social distinta y aspirar a la libertad que los derechos sociales podrían darles.

De esas lecciones entre estantes colmados de libros salió, como una tarea concreta para ellos, el planteamiento de la jornada de 8 horas y la convicción de que podrían conquistarla.

El periódico La Protesta, publicado por el trabajador anarquista Manuel Caracciolo Lévano, se aplicó a difundir este planteamiento.

Manuel Caracciolo Lévano

Manuel Caracciolo Lévano: protagonista de la lucha por las ocho horas.

Manuel González Prada no pudo ver la culminación de sus enseñanzas. Falleció repentinamente el 18 de julio de 1918.

Manuel González Prada

Manuel González Prada dio la pelea en el campo intelectual

LA GRAN HUELGA

En diciembre de ese año, el grupo de trabajadores anarquistas discípulos de Manuel González Prada movilizó a sus compañeros de Lima y exigió al gobierno el establecimiento de la jornada de 8 horas. Invocaron como causa inmediata que en la Ley 2851, de protección de las mujeres y los menores, que acababa de aprobarse, se había dispuesto para ellos esta jornada, y reclamaban su extensión a los demás trabajadores.

El gobierno de José Pardo rechazó de plano esta petición y reprimió las manifestaciones obreras. Pero la agitación se extendió. El comando de lucha de los trabajadores, cuyo núcleo estaba constituido por Nicolás Gutarra, Adalberto Fonkén y Carlos Barba, llamó a la huelga general, y esta orden fue acatada por la mayor parte de trabajadores.

El lunes 14 de enero la paralización en Lima, Callao y Vitarte era casi total, y la represión de las manifestaciones obreras por la Gendarmería y el Ejército se hizo más violenta, medida complementada con la clausura del diario El Tiempo, en cuyas páginas José Carlos Mariátegui informaba día a día la evolución del conflicto y alentaba a los trabajadores con sus artículos de opinión.

Pero el gobierno tuvo que ceder, y al día siguiente expidió el decreto supremo, que firmaron el presidente José Pardo y su ministro de Fomento M. A. Vinelli, estableciendo la jornada de ocho horas en todas las actividades.

Este fue el único derecho social de gran importancia alcanzado por los trabajadores del Perú gracias a la adopción por sus dirigentes más destacados de una ideología que lo postulaba, a la difusión por estos de su necesidad y a su firme y perseverante movilización. Fue también la primera gran conquista social de los mestizos contra el poder blanco.

HACIA LA SEMANA DE 40 HORAS

Cien años después el Perú es otro.

Lima tiene más de 10 millones de habitantes y sus urbanizaciones inmediatas avanzan hasta Lurín, Chosica y Ancón. En el gran mercado que es el Perú de ahora, las empresas capitalistas se han multiplicado, y año tras año llegan más inversiones.

Grandes cargueros desbordantes de containerscon mercancías de todo el mundo arriban al Callao y a otros puertos del país, y se van colmados de productos peruanos; en numerosas empresas la producción se ha potenciado con la introducción de máquinas y procesos más eficientes y el concurso de trabajadores mejor formados; el transporte de personas y bienes por tierra y aire sigue expandiéndose a pasos agigantados; gran parte de las operaciones bancarias ha sido delegada a cajeros automáticos; en más hogares son de uso común los enseres de procedencia industrial; los vehículos automotores se han hecho más accesibles a muchos y congestionan las ciudades; y todo el mundo se comunica y trabaja con computadoras y celulares.

Sin embargo, la jornada de 8 horas y la semana de 48 persisten por la imposición de una norma que, aunque fue una innovación necesaria hace cien años, hoy es arcaica.

A diferencia de ella, la mayor parte de la normativa en otros campos ha sido renovada y, en ciertos casos, cambiada totalmente.

¿Por qué esta adoración a una jornada conservada como una norma sacra cuando ha sido abandonada en muchos países del mundo?

POSICIÓN RACIONAL

Evidentemente, porque la mayor parte de trabajadores peruanos desconoce las ideologías creadas para su liberación o porque aquellas en las que creían languidecen, y se dejan estar a la espera de un milagro que nunca llegará. Han olvidado o ignoran que constituyen un clase social que unida podría ser la fuerza de contención más potente del poder empresarial.

La expoliación del trabajo asalariado en una jornada y una semana ahora excesivas, desgastantes y estresantes, es una fuente de enriquecimiento suplementario de los empresarios y un subsidio a los consumidores de los bienes y servicios que ese trabajo suministra. Los trabajadores tienen derecho a un mayor tiempo libre.

Una posición racional en este campo y en este momento es, por consiguiente, la adopción de la semana de cuarenta horas, un nuevo límite que la ley podría establecer y se hallaría por debajo del máximo señalado por la Constitución, mientras se le da a esta un nuevo texto en este aspecto.

Hace cien años, los abogados empresariales pronosticaban que muchas empresas quebrarían si se adoptaba la jornada de ocho horas. Nada de esto sucedió. Demostrando que seguían gozando de buena salud, las empresas siguieron haciendo utilidades, tras adaptarse a la nueva jornada laboral.

ALGO MÁS

De establecerse la semana de 40 horas ocurriría otro tanto. El tiempo de trabajo global se redistribuiría entre los trabajadores en aptitud de trabajar, sin suscitar problemas que no pudieran ser solucionados por los aparatos productivo y estatal.

 

JORGE RENDÓN VÁSQUEZ

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Especial

Injerencia de EEUU en la política de Latinoamérica

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Nicolás Maduro - Evo Morales

“Nos preocupan seriamente las últimas declaraciones del senador Mitch McConnell, y si a la brevedad no modifica esa forma de pensar, nos veremos obligados a actuar enérgicamente”. “Queremos dejar muy claro que si el presidente Donald Trump continúa con esa postura, deberá atenerse a las consecuencias, porque no podemos aceptar de ningún modo ese tipo de acciones”. “La comunidad internacional repudia enérgicamente la instalación de nuevas bases de Estados Unidos, y si no las cierra de inmediato exigiremos por todos los medios que lo hagan, guardándonos el derecho de usar la fuerza si ello fuera necesario”.

¿Alguien podría imaginarse declaraciones de ese tipo? Seguramente no. ¡Son impensables! Provocarían risa. Nadie se dirige diplomáticamente así a la superpotencia de Estados Unidos, ni siquiera sus rivales que están a la par en términos económicos y/o militares, Rusia y China.

Ahora bien: no nos resulta en absoluto llamativo que Washington haga continuamente uso de esta modalidad insultante. Es parte de la “normalidad” vigente. ¿Quién le responde de tú a tú al imperio, no intimidándose de la altanería con que él nos trata a los latinoamericanos?

Casi nadie; solo los países –pueblo y gobierno– que se atrevieron a zafarse de su yugo: Cuba revolucionaria, en su momento la Nicaragua Sandinista, Bolivia con el MAS y Evo Morales, la Revolución Bolivariana de Venezuela. Es decir, países que, con distintas modalidades y estilos, caminan por la senda del socialismo. Conclusión rápida que se desprende de eso: solo el socialismo libera de verdad.

Ahora, con el más absoluto descaro y desparpajo, Washington desconoce y llama a repudiar al gobierno democráticamente electo de Nicolás Madura en Venezuela. Una serie de países de la región (conocida como Grupo de Lima, con la sana excepción de México, ahora con una propuesta renovadora) le hacen el coro, siguiendo fielmente los dictados de la Casa Blanca, su verdadero amo. ¿Por qué?

Podemos empezar respondiéndolo con una afirmación que, en principio, no parece pertinente: México, gran productor de petróleo, tiene que comprar combustible (petróleo refinado: gasolina, diésel, etc.) a las empresas petroleras estadounidenses. Guatemala, de donde provienen los tradicionales “hombres de maíz” (los mayas hace 4,000 años que cultivan esa planta en Mesoamérica), le debe comprar maíz transgénico a Estados Unidos. Y mucho del chocolate norteamericano que consumimos en nuestros países (de marcas “caras” y “elegantes”), tiene como materia prima el cacao que sale de Latinoamericana. Esto comienza a explicar la anterior pregunta: somos rehenes de la gran potencia del norte.

Venezolanos protestas contra Donald Trump

Eso tiene historia. Las oligarquías vernáculas, nacidas de la colonia española o portuguesa, surgidas ya de la corrupción y el facilismo con una visión más feudal que capitalista moderna, no se desarrollaron al mismo ritmo de los enclaves anglosajones. Desde el inicio de la vida republicana, entonces, los países del sur quedaron supeditados al amo del norte. Salvo honrosas excepciones antiimperialistas, en general esas oligarquías prefirieron el papel de segundo violín, teniendo asegurado su pasar a partir de la monumental explotación a la que sometieron a sus pueblos. Y, desde el vamos entonces, se prosternaron hacia el capital anglosajón impetuoso. Dos siglos después, nada ha cambiado.

El otrora Secretario de Estado durante la presidencia de Bush hijo, el general Colin Powell, lo dijo sin ambages: los tratados de libre comercio firmados por Washington sirven para “garantizar para las empresas estadounidenses el control de un territorio que va del Ártico hasta la Antártida y el libre acceso, sin ningún obstáculo o dificultad, a nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio”. Más claro: imposible.

Desde la tristemente célebre Doctrina Monroe de 1823 (“América para los americanos”… ¡del Norte!, habría que agregar), Latinoamérica es el resguardo de la potencia estadounidense. De aquí saca una larga serie de beneficios:

– El 25% de los recursos naturales que consume Estados Unidos (energéticos y materias primas), proviene de esta región. Los contratos que le permiten operar aquí para la explotación de esos recursos son francamente leoninos, porque en general solo dejan un 1% o 2% de regalías al país anfitrión de todo lo que extrae (mineras, petroleras, sembradíos para agrocombustibles), llevándose (robándose) el resto. Eso, sin contar con los daños ecológicos irreversibles que provocan, además del aplastamiento de pueblos y culturas originarias. Las oligarquías nacionales lo toleran, y se aprovecha de eso como socias menores.

– Latinoamérica mantiene una deuda externa de medio billón y medio de dólares con los organismos crediticios internacionales (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial), de los que son principales accionistas bancos privados estadounidenses (cada latinoamericano, al nacer, ya está debiendo 2,500 dólares a esta banca, con lo que su vida ya está hipotecada. Lo pagará con su carencia crónica de servicios que deberían brindarle sus respectivos Estados, y que nunca lo harán, pese a que lo mandatan sus respectivas Constituciones.

– Dado la mano de obra tan barata que rige en la región (salarios básicos de 300 a 500 dólares mensuales, cuando en territorio estadounidense son el cuádruple), mucha industria del Norte se instala en nuestros países (ensambladoras, maquilas, sin hacer ninguna transferencia tecnológica), aprovechando, además de los bajos salarios, también la falta de regulaciones laborales y medioambientales. Una vez más: las oligarquías nacionales lo toleran, y se aprovecha de eso como socias menores.

– Buena parte de la población latinoamericana y caribeña, dada sus pésimas condiciones de sobrevivencia en sus propios países, viajan masivamente al “sueño americano” en búsqueda de un mejor porvenir. Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones –OIM– más de 1,400 indocumentados llegan a la frontera sur de Estados Unidos cada día. Muchos no pasan, pero sí una gran cantidad, y pese al endurecimiento de las políticas migratorias, el capital norteamericano se aprovecha inmisericordemente de esa población (ejército de reserva industrial), chantajeándola con su irregular estatus migratorio, con lo que se permite pagar salarios de hambre, imponiendo condiciones laborales infames. Los gobiernos de la región no dicen nada al respecto, pues esa masa de migrantes envía divisas a los familiares que se quedaron, con lo que se descomprime en parte la bomba de tiempo de la pobreza.

– Como las relaciones del imperio con nuestros países no son igualitarias, Washington, aunque hable de tratados comerciales “libres”, impone abusivamente productos y servicios de su propiedad, convirtiendo a Latinoamérica en un rehén comercial. De aquí salen materias primas baratas (vendidas por las oligarquías), pero llegan productos industriales y servicios caros, muy elaborados (que paga la totalidad de las poblaciones). La asimetría en la balanza comercial se inclina tremendamente a favor de las empresas del norte.

Por todos esos motivos el subcontinente latinoamericano sigue siendo el patio trasero de la geoestrategia de la Casa Blanca. Es una región tremendamente controlada; de ahí que existan al menos 70 bases militares de Washington con gran capacidad operativa, de las que no se sabe a ciencia cierta qué potencial tienen. La más grande se está construyendo en Honduras, cerca de las reservas petrolíferas de Venezuela. ¿Coincidencia?

En general, todos los gobiernos de la región –de derecha, obviamente defensores a ultranza del libre mercado– se arrodillan ante las directivas norteamericanas. Las oligarquías nacionales no osan enfrentársele porque, así como están, están muy bien. En todo caso, son socias menores del capital estadounidense, y los gobiernos mantienen amables amistades (tanto, que un genuflexo presidente argentino: Carlos Menem, llegó a decir que eran “relaciones carnales”).

Donald Trump y Mitch McConnell

De ahí que cada vez que algún mandatario de la región se sale un milímetro del guión trazado por el gran imperio, altaneramente la Casa Blanca se permite las más groseras intromisiones. En tal sentido, la injerencia en los asuntos internos de nuestros países es proverbial.

Tanto, que el excandidato presidencial hondureño Salvador Nasralla, pudo decir sin vergüenza, casi con candidez, que “al final todos sabemos que Estados Unidos es quien decide las cosas en Centroamérica” (expresión que se podría extender a toda Latinoamérica).

Todo lo que acontece en términos políticos en nuestra sufrida zona, tiene siempre como actor –más o menos directo, más o menos oculto– a Estados Unidos. Los golpes de Estado que barrieron nuestros países en prácticamente todo el siglo pasado, las fuerzas armadas de cada país preparadas en estrategias contrainsurgentes y anticomunistas desde la Escuela de las Américas, las actuales frágiles democracias, las decisiones que toma la Organización de Estados Americanos –OEA– (ministerio de colonias, según expresión del cubano Raúl Roa García), o el actual Grupo de Lima, no son sino movidas de la política de Washington. Su injerencia, su abierta y grosera intromisión en nuestros asuntos, ya se acepta como normal.

¿Con qué derecho Washington declara ahora ilegal, ilegítimo o usurpador al gobierno bolivariano de Nicolás Maduro? No hay ahí sino el interés encubierto de mantener la reserva petrolera más grande del mundo bajo su influencia, la cual, con la revolución popular y antiimperialista que está teniendo lugar en Venezuela, no está asegurada para su proyecto hegemónico.

¿Hasta cuándo las burguesías nacionales y los blandengues gobiernos de la región van a seguir permitiendo la injerencia norteamericana? ¿De verdad que quieren las relaciones carnales? Es un poco vergonzoso, ¿no? Como vemos, solo el socialismo puede ser realmente antiimperialista.

 

MARCELO COLUSSI
ALAINET

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