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Especial

África opta por un peligroso tratado de libre comercio

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Apoderándose del discurso panafricanista, los líderes continentales impulsan la creación de la mayor zona de libre comercio del mundo cuyos efectos son por ahora más cosméticos que prácticos para la mayoría de la población.

Pese a la entrada en vigor del tratado del Acuerdo de Libre Comercio Continental Africano (AfCFTA) esta misma semana, transportar un coche de Costa de Marfil a Etiopía seguirá siendo, al menos de momento, tres veces más caro que hacerlo desde Japón. Y continuará requiriendo mucho más tiempo: la media de espera para los contenedores de mercancías en África sub-sahariana es de dos semanas, frente a la semana que emplean los puertos más importantes de Asia, Europa o América Latina.

La unión comercial, ratificada por 23 de los 52 países que han suscrito el acuerdo (todos los del continente menos Benín, Eritrea y Nigeria), es una potente declaración de intenciones en un momento en el que la geopolítica internacional liderada por Donald Trump se encamina hacia el proteccionismo. El continente, cuyo PIB conjunto es similar al de potencias como Francia o Reino Unido, necesita mejorar sus rendimientos comerciales: los tráficos internos suponen apenas el 20% del total, frente al 62% de la Unión Europea.

El nuevo acuerdo viene a intentar resolver el problema. Según la Comisión Económica de Naciones Unidas para África, permitirá aumentar en más de un 50% el comercio interno del continente para 2022. “Impulsar el comercio intraafricano es la forma más efectiva de llevar el crecimiento y el desarrollo al continente”, defendía hace unos meses uno de los portavoces de la Unión Africana (AU) Kwesi Quartey.

La organización africanista, a espejo de la propia UE, aspira a crear en el futuro un mercado común sin aranceles para todos los estados del continente. Sin embargo, lo firmado hasta el momento solo compromete a eliminar tasas al 90% de los artículos, lo que en la práctica podría llevar a que los productos estratégicos mantengan su tasa arancelaria actual.

“Dejar que se siga protegiendo el 10% de los productos puede, en la práctica, invalidar gran parte de los beneficios del acuerdo al permitir a cada país elegir estratégicamente los productos que van a seguir protegiendo. El impacto de estas excepciones podría reducirse colocando la limitación del 10% al valor comercial y no a los productos e incluyendo disposiciones para liberalizar el 10% restante en periodos de implementación más largos”, subraya un informe del Policy Center for the New South.

“El tratado no habría sido posible sin una concesión de este tipo. Y a pesar de todo, supone un cambio gigantesco. Es un momento crucial en la historia de África postcolonial. Aunque todavía queda mucho trabajo por hacer para conseguir que lo acordado en el papel sea una realidad, el AfCFTA muestra que el desarrollo económico en África no es un ‘juego de suma cero’, sino que cooperando entre los países se pueden obtener mejores resultados para todos. Esto es especialmente relevante a nivel regional dados los numerosos casos de oportunidades perdidas en proyectos de cooperación en infraestructuras”, replica el analista del Wilson Center, Terence McNamee.

Hasta la fecha, ejemplos de tratados bilaterales como los suscritos por Angola y Zambia se han revelado ineficaces para mejorar los intercambios comerciales: más que los aranceles, las dificultades para el continente nacen de la corrupción que lastra cada transacción y, sobre todo, de la falta de infraestructuras: en 2015, el 75% de las carreteras del continente no estaban pavimentadas. En Busia, una de las principales arterias del tráfico comercial entre Kenia y Uganda, apenas hay una carretera asfaltada, una inmensa línea recta, por la que no paran de circular camiones y furgonetas cargadas con productos hortofrutícolas. Transportarlos desde y hasta las aldeas solo se puede hacer a pie o en moto cuando los caminos dejan de estar embarrados.

Consciente de las carencias, la AU promueve desde hace una década Programa de Desarrollo de Infraestructuras para África (PIDA, por sus siglas en inglés), más de 360.000 millones de dólares de inversión para instalar 37.200 kilómetros de autopistas, 30.200 de vías férreas y 16.500 de líneas eléctricas, así como generar 54.150 megavatios de electricidad a través de centrales hidroeléctricas y aumentar la capacidad de los puertos africanos en 1.300 millones de toneladas. Hasta 2040 calculan que no habrán logrado mitigar la brecha de desarrollo del continente.

¿Y las personas? Tapiwa, lleva y trae productos entre Zimbabue y Sudáfrica desde hace más de un lustro, pero no puede residir legalmente en Ciudad del Cabo. “Al menos mis hijos sí, ellos tiene nacionalidad sudafricana”. En paralelo al Tratado de Libre Comercio, también está en marcha la ratificación del Protocolo de Libre Movimiento que permitirá la libre circulación de personas, la protección del derecho de residencia y empleo de los africanos en cualquier región del continente. Pero todavía queda un largo camino para lograrlo.

“El acuerdo de libre comercio va a ser una prueba importante para saber hasta dónde es posible la integración africana. Si sale bien, entonces es probable que se inicien conversaciones más serias para establecer una cooperación política, militar -sugerida ya por la AU en 2017 con la creación de una policía continental- y monetaria. Pero para eso falta mucho todavía”, insiste McNamee.

Libre comercio en continente africano

LA COAPTACIÓN DEL PANAFRICANISMO

La creación de un mercado continental único de bienes y servicios, una unión aduanera con libre circulación para capitales y viajeros de negocios, es el primer paso del ambicioso proyecto impulsado por la Unión Africana. Posteriormente se abordará la liberalización de los servicios, las medidas no arancelarias, las inversiones y los derechos de propiedad intelectual. El último paso serán las personas.

El contrato social propuesto por la AU retoma el sueño panafricanista al que puso voz en 1963 el entonces presidente de Ghana, el doctor Kwame Nkrumah, en su celebre discurso ante la Organization of African Unity (OAU):

“Creando una verdadera unión política de todos los Estados independientes de África, podremos abordar cada emergencia, cada enemigo y cada complejidad (…) Sin sacrificar necesariamente nuestras soberanías, grandes o pequeñas, podemos, aquí y ahora, forjar una unión política para Defensa, Asuntos Exteriores y Diplomacia, y una Ciudadanía común, una moneda africana, una Zona Monetaria Africana y un Banco Central Africano. Debemos unirnos para lograr la libertad plena de nuestro continente”.

Pero tiñéndolo de una pátina neoliberal. Un proceso, apunta desde el despacho de la Universidad de Ciudad del Cabo el profesor de psicología Wahbie Long, que se remonta al mandato del presidente sudafricano Thabo Mbeki quien a principios del nuevo siglo abanderó el discurso de un renacer africano, el bautizado como ‘African Renaissance’ tomado del libro del pensador senegalés Cheikh Anta Diop. Un discurso que, subraya Long, se convirtió “en el pegamento ideológico que racionalizó la exportación de la economía de libre mercado en África”.

El aplaudido presidente de Ruanda, Paul Kagame, capaz de convertir el país en un ejemplo de reconciliación tras el genocidio y cuidado medioambiental, pero acusado también de silenciar cualquier voz opositora, es el gran valedor actual del panafricanismo liberal. Bajo su liderazgo, la Unión Africana emprendió las reformas necesarias para ablandar las fronteras del continente y acercar el sueño del mercado único.

Lo que ocurre, replica en un artículo la antropóloga Brenda K. Kombo, es que “históricamente la agenda neoliberal no ha sido buena para el continente”. El fracaso de los programas de ajuste (SAP) impuestos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional entre los 80 y los 90 está todavía muy presente en la memoria de los intelectuales africanos.

“De hecho”, continúa Kombo, “estos programas debilitaron el sector público, devastaron los servicios sociales, aumentaron la desigualdad y tuvieron un impacto en las mujeres que a menudo se vieron obligadas a soportar la carga provocada por unas redes de asistencia social debilitadas”.

Un temor que vuelve a reaparecer con la puesta en marcha del tratado de libre comercio. La pérdida de recaudación fiscal en un sector público que enfrenta un crecimiento demográfico descontrolado con el incremento en el coste de los servicios sociales aparejado y la presión sobre los salarios, así como la destrucción de empleo a causa de la pérdida de competitividad de algunos sectores concentran las advertencias de los expertos.

“La idea detrás de cualquier acuerdo de libre comercio es que, teóricamente, todos ganan, pero ciertamente en el contexto africano hay un miedo entre los países más pequeños de que los más poderosos, como Sudáfrica, no vayan a jugar respetando las reglas”, reconoce el analista del Wilson Center.

Economías industrializadas, como Sudáfrica o Kenia, serán las más beneficiadas por este acuerdo, llevándose por delante proyectos incipientes en países más pequeños que se verán obligados a reforzar su papel agrícola. A este respecto, llama la atención la negativa de Nigeria, una de las potencias económicas del continente, a sumarse por el momento al acuerdo.

“Nigeria es un gigante frágil cuya preocupación primordial hoy en día es mantener el país estable y unido. El AfCFTA supone un “cambio” en la forma en la que las economías de África funcionan y este “cambio” asusta a mucha gente poderosa en Nigeria”, asegura McNamee. Los grandes empresarios, industriales pero también agrícolas, temen que sus productos sean superados por los de países vecinos, como Ghana o Costa de Marfil, con economías más innovadoras, y prefieren por ahora mantenerse al margen.

No obstante, las autoridades de la Unión Africana confían en vencer en poco tiempo las reticencias del país más poblado del continente y confirmar así el camino inexorable hacia la unión comercial de toda África.

 

PABLO L. OROSA
PÚBLICO.ES

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Especial

La olvidada relación entre elector y elegido

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ONPE votaciones elecciones mujeres

Habiendo presentado la Comisión de Alto Nivel (CAN) su propuesta de reforma política y el Ejecutivo, trasladado buena parte de ésta al Congreso, conviene comentar y aportar al debate que debería ser muy amplio en torno a un cambio, por demás importante para el Estado peruano.

Contra lo que opinan algunos, considero que la propuesta no es todo lo ambiciosa que hubiera sido deseable dadas las circunstancias y posibilidades. Creo que de aplicarse estaríamos mejor de lo que actualmente estamos, pero no todo lo bien que sería posible.

Coincido con el Ejecutivo en no haber incluido la bicameralidad, porque de lo contrario se hubiera estado burlando del resultado del Referéndum, por más atingencias que existan. De otro lado, discrepo con la CAN respecto de la forma en que pretendía regresar a la bicameralidad siguiendo el patrón histórico de las funciones del Senado. Este cuerpo no tendría que dedicarse a revisar las leyes aprobadas en la Cámara de Diputados y habría que asignarle otras funciones.

Por lo demás coincido con eliminar el sistema de firmas para la inscripción de partidos y las elecciones internas para la selección de candidatos supervisada por la ONPE eliminando el voto preferencial. La regulación del financiamiento político me parece necesaria para evitar la corrupción que hemos vivido.

La propuesta de eliminar la vacancia por incapacidad moral a cambio de racionalizar la cuestión de confianza y la censura ministerial para mejorar de las relaciones entre el Ejecutivo-Legislativo es un tema que hay que evaluar con cuidado. La elección del Congreso en segunda vuelta tiene sus ventajas y desventajas, pero creo que son más las primeras.

Nuestra clase política está sufriendo una crisis mayúscula que ha sido coronada con la prohibición de reelección y lo que cabe preguntarse es por las causas profundas que la han originado. Y para mí la respuesta es obvia: la completa desconexión de las autoridades con sus electores.

Congreso de la República del Perú

En el Perú la relación entre electos y electores se acaba el día de la elección, cuando se sabe quién o quiénes son los ganadores. Las autoridades elegidas se desconectan de inmediato de sus votantes y sienten que pueden hacer lo que les parezca hasta la próxima campaña electoral, cuando vuelven a necesitar de los votos.

Los planes de gobierno y las promesas electorales son enterrados en un cajón con la anuencia de todos, incluidos los medios de comunicación, los diversos gremios y representantes de la sociedad civil que a partir de entonces se dedican a proponer lo que les conviene diciendo que eso es lo que el país necesita y que todos sus males y desgracias se deben a que tal o cual cambio no se hace, sin importarles si era o no parte del plan de gobierno y en consecuencia cuenta con legitimidad democrática.

Resumiendo, muchos de los motivos por los que se votó por el partido o candidato ganador quedan en nada porque ya no necesitan de los votos y sienten que pueden hacer lo que les plazca o peor a venderse a los diferentes grupos de poder que estén dispuestos a pagar sus favores. Y eso no es democracia, sino solo un disfraz que la mayor parte de peruanos se niegan a ver o peor aún cierran los ojos porque creen que les conviene.

Es cierto que la propuesta de la CAN incluye algunos cambios que abonan en la mayor relación entre votantes y elegidos, como la democratización de los partidos que deberán tener elecciones libres supervisadas por la ONPE, pero que son insuficientes.

Pareciera que nos hemos olvidado de que el sistema de partidos fracasó en el Perú y no sólo porque Fujimori los desapareció, sino principalmente porque sus pies de barro hizo posible la elección del Chino con todas sus consecuencias. Las autoridades elegidas tienen que deberse más a sus votantes que a los partidos que lo nominaron y en ese sentido va la reducción de las circunscripciones que incluye la propuesta, pero no se crean formas de relación entre los votantes y quien resulta electo.

Y la mejor forma de que esto funcione es con la regla de que el elegido tenga la obligación de cumplir con lo que ofreció o dar explicaciones satisfactorias de por qué no es conveniente que lo haga. Como he dicho muchas veces, los planes de gobierno no pueden ser camisas de fuerza. Siempre habrá motivos para cambiarlos, como por ejemplo casos de fuerza mayor que hagan imposible su cumplimiento, pero de allí a que resulten guardados en el fondo de un cajón y nadie más se acuerde de éstos hay una enorme distancia.

La crisis de la clase política y la impopularidad de los parlamentos sólo demuestran la ruptura que hay entre electos y electores y no se patrimonio de nuestro país. Si hiciéramos todas las reformas propuestas por la Comisión algo habríamos avanzado, pero habríamos desperdiciado la oportunidad de hacer un cambio de mayor trascendencia que cree un vínculo permanente entre quienes votan y los que resultan elegidos. Ese ingrediente sería el de mayor importancia y tendría además la cualidad de hacerla más vendible y popular.

 

ALONSO NÚÑEZ DEL PRADO SIMONS
Abogado MBA | IDEELE REVISTA Nº 285

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Especial

Turquía: el portazo de Erdogan

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Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdogan

El viernes 12 de julio, tres grandes aviones cargueros rusos aterrizaron en la base aérea Mürted, a unos treinta kilómetros al noroeste de Ankara, transportando las primeras piezas del sistema de defensa aérea S-400 Triumf que incluye 128 misiles, compradas por Turquía a Rusia. Se estima que el sistema, que costó cerca de dos mil quinientos millones de dólares, estará listo para operar en 2020.

Esta compra precipita lo que hasta hace pocos años parecía un imposible, la ruptura de la lejana alianza de los Estados Unidos con Turquía, que en los años de la Guerra Fría fue de una importancia capital para el Pentágono, desde entonces mucha agua pasó bajo el Puente del Bósforo y hoy pone a Ankara a jugar en un bando opuesto al de la OTAN, organización de la que es parte desde 1952.

El desafío cumplido de Recep Tayyip Erdogan, puede inscribirse no solo como una victoria para el propio presidente turco, sino también para el presidente Vladimir Putin, que, con esta jugada, una vez más pone en ridículo a Donald Trump, que desde que se conocieron las negociaciones entre el gobierno turco y la corporación de defensa estatal rusa Rostec, fabricante de los S-400, en 2017, no ha hecho más que amenazar con sanciones de todo tipo al sultán, quien, si de duelo narcisista se trata, pueda vencer fácilmente al rubicundo Trump.

Erdogan desde hace varios años que viene practicando una política de alejamiento de Washington y, si los S-400 pueden significar una gran victoria para el presidente turco, para el Kremlin la victoria es monumental. En todo esto, sin duda mucho tiene que ver el ministro de relaciones exteriores ruso Sergei Lavrov, que ha vuelto a mostrar poseer una capacidad diplomática, única entre todos sus colegas de la actualidad.

Tras un paciente trabajo, explotando las frustraciones de Erdogan con Washington, entre otros temas, por su política en Siria y las relaciones cada vez más intensas de Washington con las monarquías del Golfo Pérsico, obligaron a Turquía a cambiar de bando.

Los medios turcos informaron que la llegada de todas las partes del sistema de defensa aérea y de misiles de largo alcance, podría demorarse hasta cinco meses y que muchos de esos complementos podrán llegar también por mar.

La Casa Blanca declaró que la compra del sistema ruso “va a socavar la seguridad de la OTAN” y que Moscú “está tratando de impulsar su industria de armas y debilitar la alianza de la OTAN”.

Los turcos, por su parte, han explicado que la compra a Rusia se debía a que durante años quisieron comprar aviones no tripulados o sistemas de defensa con misiles a los Estados Unidos y siempre esas negociaciones han sido obstaculizadas con ofertas poco favorables, como las de 2013 y 2017 en que les ofrecieron el sistema misilístico Patriot, de menor rendimiento frente al sistema ruso. Erdogan resistió a los planteos norteamericanos, dejando bien claro, ante cada amenaza de Washington, que el acuerdo por los Triumf sería cumplido.

Ahora se sabe que Estados Unidos suspenderá la venta de aviones de combate F-35 al gobierno turco, ya que teme que, con la llegada de los técnicos rusos para instalar, poner en punto y entrenar a los operadores locales del sistema, podría minar la seguridad de la OTAN espiando a los F-35 y revelando las debilidades de los aviones de combate, para los cuales Turquía ha fabricado piezas esenciales.

Patrick Shanahan, el secretario de Defensa de Estados Unidos, declaró que “la compra de los S-400, por parte de Ankara, obstaculizaría la cooperación con Estados Unidos y con la OTAN”. Además Shanahan, informó que los pilotos turcos que estaban en periodo de instrucción para operar el F-35 finalizarán el 31 de julio y que Turquía será retirada del programa de construcción del F-35.

Estados Unidos ya está buscando otros socios para producir las más de 900 piezas que actualmente producen las compañías turcas. Turquía era o ¿es? parte del consorcio internacional que financió el desarrollo del F-35, con los que planeaba reestructurar su fuerza aérea con los 100 cazas que iba a recibir.

A pesar de que la economía de turca está sufriendo una severa crisis con alta inflación e importantes tasas de desocupación, en una encuesta realizada por el gobierno durante julio, mostró que el 44 por ciento de los ciudadanos apoyan la compra de los S-400, y solo el 24 por ciento, está en contra.

Mapa Ucrania Turqu{ia

NO NOS UNE EL AMOR SINO EL ESPANTO

Más allá de las históricas tensas relaciones entre el Kremlin y Turquía, y que se profundizó a lo largo de la guerra siria, en que ambos países apoyaban lados opuestos, no faltaron situaciones realmente graves, que por momentos parecieron precipitar a los dos países a una guerra ya fuera del espectro sirio.

Varios “incidentes” confirmaban esa posibilidad, Turquía derribó un bombardero ruso Su-24 en noviembre de 2015 a lo que Rusia respondió con varias campañas de bombardeos aéreo, hasta lograr sacar a Turquía del conflicto, como los bombardeos contra la ruta terrestre turca por donde abastecía a sus aliados en el norte, próximo a la ciudad de Alepo, entre fines de 2015 y principios de 2016, cortando el acceso desde Ankara, con lo que pretendía presionar al presidente Bashar al-Assad. En ese marco tampoco puede soslayarse el asesinato del embajador ruso en Turquía Andréi Kárlov el 19 de diciembre de 2016 mientras inauguraba una exposición artística en un centro cultural de Ankara.

La fuerte presencia militar de Rusia en Siria finalmente obligó a Turquía a concentrase en la cuestión de los refugiados y el control de los kurdos, pero un factor inesperado hizo que Ankara cambiara su lugar en el mapa político: el intento de golpe de estado contra Erdogan en julio de 2016.

El presidente turco, responsabilizó del levantamiento al multimillonario Fethullah Gülen, un clérigo que se encuentra exiliado en Estados Unidos desde 1999, líder del secta Hizmet (Ver: Turquía: El sultán en su laberinto), de la que cerca de 31 mil de sus militantes están detenidos tras la fallida intentona militar. Las autoridades turcas han reclamado a los Estados Unidos en varias oportunidades, su extradición, sin haberlo conseguido.

Otro de los puntos de fricción con el Pentágono fue el apoyo norteamericano a las milicias kurdas de Siria, el que, sumado a los reclamos por Gülen, profundizó la crisis entre Washington y Ankara. También se verifica el corrimiento de Erdogan hacia Irán, y el acompañamiento a Qatar en su conflicto con el reino saudita, el principal aliado norteamericano del mundo árabe.

Tampoco se puede olvidar el asesinato en octubre del año pasado del periodista Jamal Khashoggi, escándalo que sacudió a la impertérrita casa Saud, y que se produjo nada menos que en su consulado de la ciudad de Estambul; si bien nada se le puede achacar a Turquía, a nadie le gusta que terceros resuelvan cuestiones personales en su casa.

Ankara lleva una guerra de décadas con los grupos separatistas kurdos y está muy preocupada que el crecimiento político de los kurdos sirios, por la ayuda norteamericana, termine verificándose también del lado turco.

Ya en 2003, Turquía tuvo una fuerte divergencia con los Estados Unidos durante la invasión a Irak, permitiendo que el vacío de poder generado por la desaparición de Saddam Hussein, fuera parcialmente cubierto en el Kurdistán iraquí, por un gobierno regional de esa minoría. Estados Unidos permitió entonces que funcionarios kurdos, actuaran prácticamente de manera independiente en Bagdad, hasta hoy.

A pesar de este cambio de posicionamiento de Erdogan, las elites turcas no han dejado de considerarse un aliado incondicional de los Estados Unidos. Ankara, lleva demasiado tiempo de dependencia económica, política y diplomática de los Estados Unidos, para que más allá de la izquierda y los seguidores de Erdogan y su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) la conservadora sociedad turca se adapte a los nuevos aires de la geopolítica.

Quizás a esto haya que achacarle la reciente derrota del AKP en las elecciones municipales, en las que perdió el gobierno de Estambul a manos del Partido Republicano del Pueblo (CHP), después de haber conservado el poder durante 25 años.

Si el distanciamiento entre Turquía y Estados Unidos se sigue profundizando, es muy probable que en poco tiempo más se reavive la guerra con el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) y el accionar de grupos vinculados a el Daesh y al-Qaeda, estas dos bandas siempre preparadas para operar donde no lo puede hacer el ejército norteamericano en respuesta al portazo que acaba de dar el sultán Recep Tayyip Erdogan.

 

GUADI CALVO
Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC

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Especial

La crítica de Manuel Lorenzo de Vidaurre y Encalada a la justicia de su tiempo

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Manuel Lorenzo de Vidaurre y Encalada

Nacido en Lima el 19 de mayo de 1773, estudió en el Real Convictorio de San Carlos y en la Universidad de San Marcos, donde optó el grado de bachiller en derecho (1795) y Doctor en Derecho (1802). Sus lecturas liberales determinaron que fuese perseguido por la Inquisición. Se incorporó a la administración colonial y viajó a la península. Regresó al Perú y fue Oidor en el Cusco (1811-1815) donde destacó por sus ideas reformistas rechazando cualquier intento de independencia.

Muy crítico de la administración de justicia de su época, Guillermo Ramírez y Berrios (1995) ha escrito que:

“En efecto, Vidaurre empieza por criticar la tardanza y la impuntualidad de los Tribunales de su época. Así por ejemplo, en su Plan del Perú, escrito en 1810, hace nada menos que 185 años señala que:”El primer agravio al público consiste en que se juntan los oidores (los Vocales actuales de la Corte Superior y Suprema) a una hora después de la señalada por las leyes: es decir, a las nueve en el verano y a las diez en el invierno”. Años después, cuando Jorge Guillermo Leguía escribió su inconclusa biografía de Vidaurre, sobrevivían esos defectos de la justicia peruana”.

Se puede afirmar que la impuntualidad en el Perú también está próxima a cumplir 200 años. Será el Bicentenario de llegar tarde. Es común que hasta la actualidad se siga criticando, en el Poder Judicial, la impuntualidad de los jueces. Las citaciones se hacen para una hora determinada, pero la tardanza del juez determina que litigar se convierta en un acto eterno. Además, la lentitud de los procesos significa que la justicia llega tarde o nunca llega. Dos siglos después, la crítica de Vidaurre sigue vigente.

Es tan crítico Vidaurre en su mirada a la justicia que indicó:

“Si acaso no hubo empeño para la fiscalización, se rotula, se lee un rato, se da por comenzada, se hecha otra que también queda por concluir, y así en una mañana se comienzan tres o cuatro causas, y todas quedan pendientes. A los veinte días, o al mes, cuando no hay memoria de lo que se había oído ni leído, se prosigue, más no para concluir, sino para otro nuevo rato mezclando diversos procesos. Se forma tal confusión, que ni los oidores se entienden, ni los abogados saben lo que han de hablar: se representa a lo vivo la comedia de Racine titulada “los Litigantes”. (citado por Ramírez y Berríos).

Se puede percibir el origen del caos en el sistema judicial. Varios procesos judiciales son iniciados al mismo momento y ninguno de ellos es continuado teniendo un orden cronológico. Cada vez que se puede citar a las partes en conflicto, se cita. Así, varios procesos se pueden atender al mismo momento, aunque las actas se firman y se fechan con alguna diferencia de tiempo. Es un acto común y corriente en la actualidad. Un juez escuchando varios procesos al mismo momento o la secretaria que impide hacer preguntas a una de las partes. Son estos los vicios de un sistema judicial obsoleto e inservible que lo único que logra es justificar la crítica y el rechazo por parte de los ciudadanos que sufren en sus pasillos.

Palacio de justicia bandera nacional

La lucha de Manuel Lorenzo de Vidaurre por cambiar la realidad judicial existente en el Perú de fines del siglo XVIII e inicios del siglo XIX, fue casi como la lucha del Quijote contra los molinos. Han pasado dos siglos y el Poder Judicial sigue siendo una institución donde el tiempo no importa.

En 1928, Jorge Guillermo Leguía escribió:

“Vidaurre, con todos sus errores y defectos, es digno de ocupar un puesto de honor en la asamblea de nuestras grandes figuras históricas. Hombre honrado, sincero en el fondo, idealista, desvelado por el bien común, maravilloso trabajador, que solo descansaba cuando el esfuerzo lo había aniquilado, propagandista de ideas y reformas fecundas”.

No cabe duda que el elogio hecho por un gran historiador, como lo fue Jorge Guillermo Leguía, sirve para reconocer en Vidaurre a un hombre preocupado por su trabajo y por brindar el mejor servicio como funcionario público. Inimaginable en el Perú de hoy ver a un juez de nuestro sombrío Poder Judicial, tratar con puntualidad sus casos. No cabe duda que cada día nos acercamos a un Bicentenario que desnuda nuestros vicios y derrotas morales. ¿Celebrará el Poder Judicial en Bicentenario? ¿Dirá que luego de dos siglos los peruanos somos testigos de la existencia de justicia? ¿Y qué dirán de la corrupción? No cabe duda que hace falta más “Vidaurre´s” en el Perú.

Llegó a ocupar el cargo de Presidente de la Corte Suprema del Perú, en los primeros años de la república. Años de golpes de Estado y Mariscales en el poder. Murió en Lima el 9 de marzo de 1841.

 

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL

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