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Abraham Valdelomar, la ciudad y el Mercado Central

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Abraham Valdelomar, la ciudad y el Mercado Central

Pedro Abraham Valdelomar Pinto nació en Ica en 1888. Con el nacimiento del siglo XX, Valdelomar se trasladó a Lima para seguir sus estudios en el colegio Nuestra Señora de Guadalupe, donde fundó y dirigió “La Idea Guadalupana”, periódico escolar que recogía las creaciones literarias y crónicas escritas por los alumnos.

Una primera ventana para introducirse en la producción de Valdelomar. En 1905 ingresó a la Facultad de Letras de San Marcos, pero abandonó sus estudios para dedicarse al periodismo y la ilustración. Fue un extraordinario caricaturista, colaborando con medios locales. En 1910 regresó a la universidad aunque se involucró en la política estudiantil. Apoyó la candidatura de Guillermo Billinghurst. En 1913 viajó a Italia y regresó luego del golpe de Estado del coronel Benavides en 1914.

Extraordinario escritor, publicó novelas, cuentos, poesía, reportajes, crítica y ensayos. Sobre sus ensayos, la crítica de cine y periodista uruguaya Rosalba Oxandabarat ha escrito que:

“Sus ensayos respondían a temas y títulos como “Psicología del cerdo agonizante”, “Psicología del gallinazo”, “El estómago de la Ciudad de los Reyes”, “Literatura de manicomio”, entre otros. Se hacía llamar, o firmaba, además de con su nombre, como Conde de Lemos y Val-Del-Omar, y lo apodaban, los amigos, el Dandy, por su vestimenta atildada, y por sus improvisaciones y galanterías en el PalaisConcert, el café que reunía a los intelectuales limeños, y Zambo Caucato, por su piel oscura y su origen provinciano, sus numerosos enemigos”.

Precisamente, en “El Estómago de la Ciudad de los Reyes”, Valdelomar hace referencia a ese espacio de Lima donde las costumbres iban en contra de lo normado por la autoridad municipal: El Mercado Central. Sobre él Valdelomar escribe:

“Mañana. Lluvia. Frío. Lodo. Tranvías. Carretas. Camotes. Indias. Indios. Indiecitos. Cestos. Desperdicios. Perros que hurgan los desperdicios. Malos olores. Hombres soñolientos sobre costales y aparejos. Chinos que entran. Chinos que salen. Aullidos. Cocineras que regatean para ganarse la sisa. Cargadores andrajosos. Trasnochadores sin corbata. Más chinos que entran. Más chinos que salen. En este pueblo parece que solo los chinos comieran. Celadores municipales con gorrita, en cuyos pescuezos peludos amplias bufandas enróscanse como serpientes. Un cachaco hace la corte a una verdulera que huele a dehesa; no a cerco”.

Es la descripción de un espíritu sensible como el de Abraham Valdelomar de una ciudad donde parece que el tiempo se ha detenido o en algunos casos es una realidad cíclica: la lluvia y el polvo originan el lodo que los habitantes de Lima pisan todos los días de invierno; la basura se acumula en las calles siendo un festín para los perros, quizás por ello, el coro de una vieja marinera dice “En Lima matan a los perros para que no muerdan a los demás, y al otro día temprano, por la mañana, aparecen más”.

Aunque, para otros limeños, pisar excremento de perro es una señal “de buena suerte” o significa que “pronto tendrás dinero”. Al final, los sectores populares suelen inventar –o propalar- dichos o ideas que buscan justificar la realidad u ocultarla.

En el Mercado Central también se presentó el maltrato animal. José María Arguedas recuerda que:

“Cuando visité Lima por primera vez en 1919, las mulas que arrastraban carretas de carga se caían, a veces, en las calles, fatigadas y heridas por los carreteros que les hincaban con púas sobre las llagas que les habían abierto en las ancas”.

Pero, como en todo espacio social existe la contradicción, en el Mercado Central también se puede percibir dicha contradicción. Valdelomar señaló que:

“Un puesto de flores. La florista –joven incaica, apacible y carantona- aliña con pulcritud unas margaritas. Esta es la parte romántica y mística del mercado. El puesto parece una anda de procesión de los milagros. Detrás de las albahacas, unos lirios cándidos apuntan medrosos y púdicos, en tanto que las dalias coloradotas se exhiben con descaro. Rosas plebeyas, metidas a señoritas, presumen desde un jarro de lata en la impropia compañía de violetas modestas. Falsa modestia de las violetas, porque se venden caras. Las violetas parecen personas hipócritas: tienen fama de modestas y sencillas pero se venden al primero que las compra”.

En el Mercado Central se concentran todos los males de la ciudad. Todas las contradicciones. Todos los tipos de personas. Es un espacio, por excelencia, donde el escritor encontró la mejor radiografía de la Ciudad de los Reyes.

 

AUGUSTO LOSTAUNAU MOSCOL

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Especial

El parto de las ideas

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Fidel Castro

Término ambiguo como casi todos, la palabra improvisación tiene muchos sentidos. Existen los intérpretes del punto cubano. Hubo, tradicionalmente, los oficiantes de despedidas de duelo, sobre los cuales el fallecido manzanillero Julio Girona, Premio Nacional de Artes Plásticas, ha dejado una deliciosa estampa.

Con abundancia de adjetivos y retórica vacía se aprestaban a despedir a cualquier desconocido. Aunque descarten el uso de apuntes, hay otros que no son improvisadores en el sentido cabal del término. Preguntado en una entrevista sobre por qué improvisaba, Fidel respondió, con sabiduría política: “Porque a la gente le gusta asistir al parto de las ideas”.

Sin haber estudiado comunicología, sin valerse de generalizaciones abstractas, su aguda percepción de la política, su permanente vínculo con las masas, su atinada visión de las realidades concretas nacionales, lo llevaron a transformar la oratoria en diálogo activo.

Logró mantener en vilo a la Asamblea General de Naciones Unidas durante el discurso más prolongado que se haya escuchado en ese lugar. Comprendió como nadie las transformaciones producidas por el paso del dominio de la radio al de la televisión.

Con anterioridad, la radio había sido el medio idóneo para transmitir orientaciones a un pueblo altamente politizado. En un horario estelar de los domingos, las mayorías se conectaban, luego del Himno Invasor, a la voz de Eduardo Chibás. Su poder de convocatoria no se basaba en el desarrollo de conceptos programáticos.

En realidad, las bases ideológicas del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) fueron elaboradas en gran medida, atemperadas al panorama de la época, por Leonardo Fernández Sánchez, cercano compañero de lucha de Julio Antonio Mella y distanciado del Partido Comunista a partir de la alianza de este con Batista, asesino de su hermano Ivo.

No muy favorecido por la voz, Chibás diseñaba con cuidado la estructura dramatúrgica de sus discursos. Su palabra sacaba a la luz verdades que otros silenciaban. Su tono y su énfasis evidenciaban autenticidad. Por un fallo técnico no salió al aire el disparo mortal que ratificaba su último aldabonazo. Su capacidad movilizadora se fundaba en la denuncia y la exhortación.

Los tiempos eran otros y Fidel cambió las reglas del juego. En circunstancias señaladas, convocaba a las masas a la Plaza de la Revolución. La distancia física y la presencia multitudinaria imponían sus leyes, que Fidel trataba de modificar al formular, a través de preguntas, esbozos de diálogo.

Sobre todo en la primera etapa, en los días en que los cambios se precipitaban en una escalada de golpes y contragolpes, cuando se imponían las respuestas rápidas a las agresiones del enemigo, Fidel concurría a la televisión. Entraba en los hogares en una conversación para todos y, simultáneamente, individualizada. Tanta era la naturalidad del diálogo que, desde la penumbra de sus butacas, muchos asentían y formulaban preguntas.

Fidel Castro

La palabra se había convertido en arte y en esta materia intervienen el oficio y un largo proceso de aprendizaje. La facundia es un don. La tienen los oficiantes de despedida de duelo que con similar palabrería visten a cualquier santo. Tras la soltura en el uso del verbo, tiene que latir la convicción profunda, la transmisión de la autenticidad, el conocimiento del tema y la percepción clara de las expectativas del destinatario, además de la valoración de las particularidades del contexto en que se produce el discurso.

Una buena amiga, Maruja Iglesias, miembro activo del Frente Cívico de Mujeres Martianas, compartió en sus años estudiantiles la misma casa de huéspedes que Fidel. Contaba dos anécdotas reveladoras. Por lo general, en todas las carreras universitarias, algunas asignaturas inspiran terror. En la Facultad de Derecho, era Economía Política, basada en un texto del liberal Charles Yeats.

Mientras preparaba el examen, Fidel leía despaciosamente las páginas con extrema concentración activa, hasta el punto de entablar debate con algunas de ellas. Rasgaba las hojas en la medida que las repasaba.

Eran aquellas páginas malamente reproducidas en un mimeógrafo para uso de los universitarios de entonces. Dirigente estudiantil, alguna vez tenía que pronunciar un discurso conmemorativo. Entonces, sentaba a nuestra amiga en el comedor solitario para utilizarla como espectadora de su ejercicio oratorio. El talento nace, pero si no se cultiva, muere por inanición.

Las anécdotas referidas ilustran dos aspectos esenciales. Uno de ellos: el poder de concentración. En sus discursos, Fidel tenía una enorme facilidad para manejar cifras y datos precisos. No eran el resultado de una práctica memorística sino de su esencial interrelación con un profundo análisis que tenía en cuenta multiplicidad de aspectos. Dicen los poetas que el primer verso nace de una inspiración. Tendríamos que preguntarnos entonces cuánto tiempo de meditación inconsciente, de libertad de asociación, de razonamiento entreverado en el quehacer de cada día, se oculta, como lava acumulada, tras el brote volcánico de la oratoria.

Por esas razones, no me gusta escuchar aquí y allá, a veces con pretextos baladíes, citas aisladas, situadas fuera de contexto. En el acumulado infinito de sus discursos, muchos de ellos coyunturales, hay un pensamiento construido sobre sólidos cimientos, en debate con pensadores a lo Gide, en lecturas apasionadas de los testimonios de nuestra historia, en el bombardeo de interrogantes a los que sometía a sus interlocutores.

Asentado en Nuestra América, su mirada recorrió el planeta y sus ideas en perpetuo movimiento maduraron en el tiempo. Como Varela y Martí, nos enseñó a pensar en la época en que el imperialismo incorporaba sus rasgos más peligrosos. Conoció a fondo sus provocaciones durante el siglo XX. Cuando, soldado de la Revolución, nos fue dejando sus Reflexiones, percibía con claridad las amenazas del siglo XXI.

Urge meter mano a su papelería publicada en periódicos que reposan en bibliotecas y archivos, acumular información y desmontar sus facultades de análisis y de comunicación, porque fue, ante todo, un educador, vuelto hacia un pueblo que debía entender para actuar.

Tuvo lo que Armando Hart definió como cultura de hacer política, en ese justo equilibrio de prudencia y audacia. Fue un minucioso y paciente constructor de unidad, no solo en lo interno, sino en lo más urgente ahora, en el campo externo de las izquierdas desconcertadas, de los No Alineados que, socavados por los residuos neocoloniales que siguen arrastrando y por la corrupción rampante refugiada en los paraísos fiscales, vacilan y se entregan.

Fidel no fue apocalíptico. Nos enseñó que hay que mantener el ojo avizor, con los pies firmemente asentados en la tierra. Aparentemente improvisados, sus discursos son el resultado de un meditar ininterrumpido, de un aprendizaje constante, de saber rasgar las hojas de los materiales periclitados.

 

GRAZIELLA POGOLOTTI
CUBADEBATE.CU

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Especial

Sombras del Mossad: del ‘suicidio’ de Epstein a la ‘desaparición’ de su exnovia

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Sombras del Mossad: del ‘suicidio’ de Epstein a la ‘desaparición’ de su exnovia

Con el conveniente ‘suicidio’ del pedófilo consuetudinario Jeffrey Epstein, los reflectores se enfocan en sus proxenetas, donde destaca su exnovia Ghislaine Maxwell, hija del magnate de medios británicos Robert Maxwell. Existe abundante literatura que implican a Epstein, a Robert Maxwell y a su hija Ghislaine como operadores del Mossad.

El extraño suicidio del multimillonario Jeffrey Epstein beneficia a tirios y troyanos del Olimpo de EEUU: desde la Casa Real Británica, pasando por el expresidente Demócrata Bill Clinton, hasta el presidente de EEUU, Donald Trump.

El sui generis sistema político de EEUU y su erótica democracia coloca un enigma más a la serie de asesinatos de políticos y empresarios de más alto nivel, como el asesinato del expresidente Kennedy, que hasta ahora no ha sido esclarecido en forma fehaciente.

Dados tan macabros antecedentes periciales criminalísticos, se pudiera proyectar y/o extrapolar que el suicidio del pedófilo Epstein, de 66 años de edad, quedará sin ser resuelto.

Ante una opinión pública atónita en estado de choque, la mira se centrará ahora en la banda de reclutadoras, curiosamente todas mujeres, que conformaron una red de tráfico sexual de menores, según la agencia estadounidense Associated Press (AP), con presuntos vínculos con la CIA.

Sombras del Mossad: del ‘suicidio’ de Epstein a la ‘desaparición’ de su exnovia

The Times of Israel reporta la extensa nota de AP, donde el polémico fiscal general William Barr, cuestionado por tantas fallas en la vigilancia carcelaria de Epstein, advirtió que “cualquier coconspirador no debe quedarse tranquilo”, porque “las víctimas merecen justicia y la obtendrán”.

AP revisó centenas de páginas de los reportes policiacos, récords del FBI y documentos de la Corte que exhiben al grupo de empleadas del pedófilo Epstein que le arreglaban sus masajes “realizados por menores de edad” que desembocaban en sus orgías, donde resalta la icónica figura de su exnovia (y luego proxeneta) Ghislaine Maxwell, además de las reclutadoras Sarah Kellen, Leslie Groff y la masajista Haley Robson, quien se especializaba en buscar menores de edad del “área rural afuera de Palm Beach, porque serían menos proclives a presentar demandas”. !Que crueldad! La masajista Robson llegó a compararse con Heidi Fleiss, conocida como la Madame de Hollywood.

Según New York Post, Epstein y su exnovia Ghislaine Maxwell procuraban esclavizar sexualmente a las menores reclutadas, muchas de las cuales provenían de Europa del Este.

Horas antes del suicidio de Epstein fueron desenterrados 2.000 documentos en una demanda contra su exnovia y luego proxeneta Ghislaine Maxwell: connotada socialité de los altos círculos del Reino Unido, Nueva York e Israel.

Ghislaine Maxwell, de 57 años de edad, nació en las afueras de París, fue educada en la Universidad de Oxford, y es la hija menor y consentida del magnate de los medios británicos Robert Maxwell, de origen checo, quien nombró en su honor a su lujoso yate Lady Ghislaine.

El cuerpo del magnate periodístico Robert Maxwell fue hallado flotando en el mar cerca de su lujoso yate que apareció frente a las islas Canarias de España hace un poco más de 27 años.

Su hija Ghislaine está convencida de que su padre, quien había hurtado alrededor de 200 millones de dólares de los fondos de pensiones de su Mirror Group Newspapers, fue asesinado.

A propósito, Robert Maxwell fue enterrado como héroe nacional en Israel.

El consagrado periodista estadounidense Seymour Hersh, galardonado con el premio Pulitzer, develó en su incandescente libro La opción Samsón: Israel, EEUU y la bomba la posesión de armas nucleares clandestinas por parte de Israel y señaló que Robert Maxwell era un vulgar espía del Mossad, lo cual le valió un juicio. El juicio feneció con el querellante.

El impoluto israelí-estadounidense Seymour Hersh basó sus asertos en las confidencias del espía israelí Ari Ben Menashe.

Gordon Thomas y Martin Dillon, los biógrafos de Robert Maxwell —por cierto, íntimo de Henry Kissinger— en el libro Robert Maxwell, Superespía de Israel: la Vida y Asesinato de un Magnate de los Medios comentan que “Maxwell usó el poder de todos sus medios para atacar a los enemigos de Israel”.

Ante la Corte, Juan Alessi, a cargo de la gerencia de la residencia de Epstein, confesó que, durante un periodo de 10 años, Ghislaine Maxwell llevó a más de 100 menores que operaban como “terapistas de masajes”, ayudadas con “vibradores y juegos de sexo”.

Otro director de la residencia de Epstein, Alfredo Rodriguez, quien llevaba la “bitácora negra” de los visitantes, murió misteriosamente.

Según el occiso Rodriguez, una menor “esclava sexual” fue obligada por Epstein y Ghislaine Maxwell a tener relaciones eróticas con el príncipe Andrew de la Casa Real Británica y con el profesor de Leyes de Harvard Alan Dershowitz.

Sombras del Mossad: del ‘suicidio’ de Epstein a la ‘desaparición’ de su exnovia

Sin tapujos, el connotado investigador Wayne Madsen, anterior espía de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) alega que “los más altos escalones de la estructura política y del espionaje de Israel forman parte prominente del círculo de asociados y amigos de Epstein”.

Wayne Madsen arguye que el uso de chantaje sexual por las agencias de espionaje son operaciones muy añejas, pero que el uso de menores en los casos de trampas de miel son prácticamente exclusividad del Mossad.

El pedófilo Epstein manejó el portafolio financiero de Leslie Wexner, cuya Fundación Wexner otorgó generosos donativos a organizaciones israelíes, que incluyen becas para funcionarios del Gobierno de Israel con el fin de obtener títulos de posgrado en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard. ¡Vaya enseñanzas universitarias psicalípticas de postgrado! Wayne Madsen expone los vínculos de Epstein con el Mossad, agencia de espionaje israelí, así como sus frecuentes periplos en Francia y México.

Después del suicidio de Epstein, quien fue apresado por el FBI en el aeropuerto de Nueva York a su regreso de un viaje de 3 semanas a París —tenía una casa en el riquísimo Distrito 18 de París—, empieza a permear su French Connection con el francés Jean-Luc Brunel, hoy con más de 70 años, quien dirigió una agencia de modelos y quien “había sido un engranaje esencial en el sistema establecido por Jeffrey Epstein, actuando como proveedor de adolescentes al millonario estadounidense”.

Los secretarios de Estado Marlène Schiappa (Igualdad de Género) y Adrien Taquet (Protección de la Infancia) solicitaron la apertura de una investigación para esclarecer los vínculos de Epstein en Francia.

Las metástasis de esclavismo sexual de menores aún no han sido indagadas en México donde el pedófilo Epstein era un viajero frecuente en su avión privado Lolita Express.

Recientemente, indagué si existen traslapes entre la pedofilia trasnacional de Epstein con los fétidos escándalos del albergue de huérfanos Mama Rosa, tenazmente defendida por Letras Libres de Televisa, así como con la secta sexual esclavista de NXIVM, donde brotan los vástagos de tres expresidentes de México (Salinas, De la Madrid y Fox) y la connotada regiomontana Rosa Laura Junco.

Según The Washington Post, Ghislaine Maxwell no ha podido ser localizada después que empezaron a surgir las graves imputaciones en su contra por proxenetismo de menores esclavizadas sexualmente. Ghislaine vive hoy escondida en las afueras de Boston con su galán 14 años menor que ella. ¿Llegará la controvertida justicia de EEUU a capturarla en las afueras de Bostón? Esperemos que no aparezca tambien suicidada por portar consigo los secretos de las alcobas del Olimpo en Reino Unido/Nueva York/Israel.

 

ALFREDO JALIFE-RAHME
SPUTNIK MUNDO

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Especial

Estampas del Callao

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Trabajadores en puerto del Callao contenedores

Mi padre, de ascendencia amazónica, fue un valiente guardia civil, profesión que implicaba escasos ingresos y un enorme sacrificio, para poder mantener a mis nueve hermanos.

A mediados de los años 60, fue destacado a la 27 Comandancia Alipio Ponce del Callao, donde tuvo como jefe al capitán llamado Rascachucha, quien le sugirió hacer una permuta, al puesto policial del terminal marítimo, para mejorar sus magros ingresos.

En la segunda semana del mes, cuando mi padre agotaba su pago, le metía un sablazo (pedía prestado dinero) a la China, singular usurera, quien vivía en el distrito de Bellavista, y era la “culebra” oficial de los policías.

Su casa quedaba en la calle José Gálvez, en un segundo piso iluminado con luces rojas, en cuyas paredes pendían imágenes de vírgenes y santos, colmadas de encendidas velas.

La China cobraba el 20 por ciento de intereses semanales. Hasta el día de hoy, no me explico, por qué le dicen culebras, a los prestamistas usureros.

Ya afincado en el puesto policial del terminal marítimo del Callao, mi padre aprendió los negocios que se realizaban dentro de los muelles, comprando en los buques, diferentes productos, a tripulantes y vaporinos, quienes luego de una larga travesía, estaban ansiosos de conocer nuevas aventuras.

Algunas tardes viajaba a Lima con mi padre, a vender la mercancía comprada en los buques: Whisky Ballantines, cigarrillos Lucky Strike, chocolates, perfumes y jabones franceses, adquiridos y vendidos a buen precio, por no pagar impuestos, una especie de contrabando enmascarado.

Estampas del Callao

Luego de recorrer algunos rascacielos existentes en la capital, como el edificio El Sol y el Banco Popular, y vendida toda la mercadería, papá me invitaba un delicioso caldo de choros, el cual tomábamos con limón. Con este ingreso adicional, mi padre pudo sacar adelante a la familia.

En el trayecto del viaje de regreso a casa, mi padre me contaba sus anécdotas y hechos cotidianos, de ellas recuerdo tres historias que nunca las podré olvidar. Son las siguientes:

Un jueves, cuando el guardia Arnao, estaba de servicio en la Comandancia Alipio Ponce, dos rayas (policías de investigaciones) irrumpen en su morada, empujan a su madre en forma violenta y logran apresar a su padre, quien era un pescador que utilizaba dinamita para realizar su faena de pesca, cosa que estaba prohibida.

El guardia Arnao al enterarse de la vejación efectuada a sus padres, pide su baja para vengarse. Como Robín Hood, comienza a robar a los ricos y ayudar a los pobres. Hasta aquel día, que en el ómnibus Lima – Callao, descarga los cinco tiros de su revólver, a uno de las rayas que vejó a su familia. El guardia Arnao está buscado vivo o muerto. Se le ve con su novia en el cine Badell de la avenida Saenz Peña, junto al campana, atento para dar la voz. Una noche se mete con una puta al Coliseo de Gallos Sandia. La meretriz lo delata, la brigada de Lima le tiende un cerco y lo mata.

Estampas del Callao

–¡Bárbaro! –exclamé–. Padre cuéntame otro más. “Bueno hijo escucha”:

El guardia Meli era el bravo del muelle, cumplía todos los pedidos que le hacían sus superiores, obteniendo respectiva recompensa y consideración. Obsequiaba una botella de Whisky, un cartón de cigarros, un perfume francés. Un día, el guardia Meli iba sigilosamente por el terminal, a las dos de la tarde tenía que sacar un cargamento importante en una lancha por la playa de Chucuito.

De pronto aparece una patrulla de la marina y al verse descubierto, Meli tiró la mercancía al mar, perdiendo todo. El business consistía en cien cajas de finos licores, cien cajas de perfume francés y cien docenas de vestidos de Marilyn Monroe. Meli, de puro amargo, cerró las puertas del bar Blue Star y se tiró una borrachera que duró toda la noche.

–El guardia Meli, era bravo papá –aludí–. Cuenta la última viejo.

El sargento Carranza era alto, pelo ensortijado, valiente y comandante de puesto de las Chacaritas. Su sector también comprendía el terminal pesquero. Todos los días, dos guardias hacían su servicio con fusiles Máuser. En el muelle de pescadores, cerca al boquerón de Puerto Nuevo, paraba “El negro malo”, corpulento, matón y avezado, acostumbrado a maltratar policías, a quienes les robaba la vara, la gorra o el fusil.

Esto llega a oídos del Sargento Carranza, quien arma un operativo y captura al Negro malo en el muelle. Para no tener problemas lo conduce al Puesto de la Legua y le somete una tremenda colgada. Creyendo que se le fue la mano y al ver que el avezado matón no volvía en sí, a eso de las tres de la madrugada, lo coloca al lado de los rieles. Poco después, el delincuente aún con vida, quedó como una tortilla al pasar el tranvía. “Esto para que nunca se burlen de la guardia civil”, pensó el sargento Carranza.

–Puerto Nuevo y Chacaritas los recorro a diario –exclamé–.

–Por esas correrías rompes tantos zapatos, muchacho de mierda –contestó mi padre aquel día.

 

SAMUEL SOPLÍN ESCUDERO

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