Cuidado con el golpe keikista

El Parlamento es por definición la institución central de la democracia y de ello se desprende el concepto de que un Poder Legislativo fuerte es signo vital de una democracia sana. Esto, sin embargo parece no estar funcionando en nuestro Perú actual, donde la mayoría parlamentaria, puesta en manos de Fuerza Popular, está tratando de copar todas las instancias que conforman el sistema de Justicia peruano, la Fiscalía de la Nación, el Consejo Nacional de la Magistratura y el Tribunal Constitucional.

Y es que conforme avanzan las investigaciones del escándalo de corrupción de Odebrecht, poniendo en la mira —entre otros líderes políticos— a la excandidata presidencial y lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, los integrantes de esa agrupación partidaria comienzan a lanzar zarpazos dictatoriales que nos hacen recordar los tiempos de Alberto Fujimori, en cuyo régimen se digitaba por bíper las votaciones en el Congreso, se capturó el Poder Judicial, se hizo tabla rasa de los derechos consagrados en la Constitución y se amordazó a la prensa de circulación nacional. Misma dictadura con disfraz de democracia.

Al igual que entonces, ahora está en peligro la Fiscalía de la Nación, cuyo titular Pablo Sánchez, ha sido denunciado desde el Parlamento de mayoría fujiaprista con la intención de impedir que prosigan las investigaciones a la agrupación fujimorista, cuya campaña electoral habría sido financiada por funcionarios corruptos de la constructora brasileña Odebrecht y cuyo principal accionista así lo ha reconocido ante la justicia de Brasil que lo investiga. Solo falta que hable el funcionario Jorge Barata.

Pero, además, las amenazas se ciernen contra el Tribunal Constitucional y el Consejo Nacional de la Magistratura, amén de las censuras a los ministros (Ejecutivo), en una serie de acciones que lindan con lo que podría calificarse de un golpe parlamentario en gestación. A ello se suma el proyecto presentado por el aprismo para prohibir la publicidad estatal en el sector privado, lo cual significaría un golpe al espinazo financiero de los medios de comunicación. El Perú no se merece volver a tiempos ya superados en los que era manejado por improvisados. Tampoco debe quedar en manos de una dinastía nipona y el presidente Pedro Pablo Kuczynski es el llamado a impedirlo.