“La derecha me parece estéticamente desagradable”

El escritor Leonardo Padura dice que es más un heterodoxo que un militante, y desde esa heterodoxia ha tratado de escribir sus libros, viendo una realidad en la que las lecturas políticas existen, pero no son protagonistas.

Trabajaba en una revista cultural, lo sacaron y mandaron en castigo a laborar un periódico y dice que el castigo resultó un premio.

Eduardo Santana

Para Leonardo Padura, autor de libros que turnan crimen, melancolía y reflexión, siempre estuvo claro: en la denominación del género, primero va “novela” y luego “policial”.

Dicha apuesta por la literatura lo ha convertido en uno de los escritores cubanos más leídos y difundidos de su generación; sin embargo, algunas victorias se sufren y el autor apenas tiene tiempo para conocer las ciudades que visita para difundir su obra.

Para contribuir a la frustración turística que, para ser justos, Padura asume con alegría, el diario UNO conversó con él en su paso por Lima, a donde llegó como invitado de honor de la Feria Internacional del Libro.

—El género policial puede ser uno de los más pegados a fórmulas y estructuras, pero en tus novelas termina siendo una herramienta para hacer literatura.
—Lo planteé así desde el principio. Lo policíaco en función de una mirada social, y escrito con la misma dignidad con la que se escribe un texto artístico.

Por otro lado, creo que una de las grandes ganancias que hemos tenido los escritores de este género en los últimos años es que el pensamiento posmoderno revalorizó las manifestaciones de la cultura masiva y popular, y las dignificó. Esto, además, nos dio un espacio de libertad mucho mayor.

—Alguna vez mencionaste que tus tramas policíacas son en extremo sencillas.
—Lo son, al punto que, cuando las escribo, muchas veces no sé quién es el asesino que voy a escoger. Me interesa más la historia que estoy contando que la propia trama policíaca.

En “La neblina del ayer” uno siente, desde el principio, que está leyendo una novela policíaca; sin embargo, no hay crimen, el crimen llega a la mitad del libro.

—También hay una distancia importante del género en “Herejes”.
— En una novela como “Herejes” mezclo lo policíaco con la novela histórica, con la novela de reflexión filosófica. He cogido lo útil del género y lo he puesto en función de una creatividad artística y cultural mucho más abierta y libre.

—Se dice que un escritor siempre escribe la misma novela, ¿qué novela está escribiendo Leonardo Padura?
—Uno tiene obsesiones que nos persiguen y que son muy propias. Una de las mías es entender el ser cubano en su devenir histórico y en su presente social y político. Creo que todas mis novelas apuntan a ese objetivo, ese entendimiento.

—¿Estás más interesado, entonces, en el ser cubano del conjunto que del personal?
—Creo que tengo una visión muy generacional, y por ahí llego a un espectro más amplio.

Es inevitable que repita un principio que Miguel de Unamuno reclamaba respecto a la relación entre lo local y lo universal. Él decía: “Hemos de hallar lo universal en las entrañas de lo local y, en lo circunscrito y limitado, lo eterno”.

Yo he tratado de hallar lo universal y lo eterno a través de lo local y lo circunscrito y limitado.

REVOLUCIÓN

—Perteneces a una generación que creyó en la revolución, ¿cómo ves hoy a ese Leonardo joven y a tu generación?
—Cuando miro ese pasado, que se va haciendo un poco lejano porque nos vamos haciendo viejos (yo cumplo ahora 62 años), veo que teníamos una gran inocencia, un sentimiento de pertenecer y una necesidad de creer.

A pesar de eso, muchas veces nos maltrataban bastante: siempre estabas bajo sospecha, no sé de qué, ni por qué, ni hasta qué punto, pero ese sentimiento siempre nos acompañaba.

—¿Y cómo se manifestaban esas sospechas?
—Yo trabajé en una revista cultural de la cual me sacaron y me mandaron a trabajar a un periódico como castigo (aunque el castigo se convirtió en un premio porque pude hacer un periodismo que nunca imaginé y que contribuyó con mi oficio literario). Ese sentimiento de sospecha era constante y, cuando lo miro, pienso que no era necesario tanto resquemor.

Lo más jodido es que algunas de las personas que protagonizaron esos episodios, que nos hicieron sospechosos y vigilados y hasta maltratados, después abandonaron Cuba, se fueron e incluso ahora tienen discursos muy radicales contra la revolución.

—Imagino que también tuvo algunos alcances positivos.
—Por supuesto, muchos. En mi área, tuvimos la posibilidad de realizar estudios universitarios y hacer una vida cultural que, aun con ausencias, fue muy intensa.

Cuba siempre fue un país con una gran vocación cultural, donde hubo grandes pintores, músicos, artistas. La revolución, de alguna manera, hizo más asequible el conocimiento y la cultura a mucha gente. Ponía condiciones, claro, pero esa accesibilidad fue notable en los años de mi formación.

POLÍTICA

—¿Cómo gestionas la presencia (o ausencia) de tu postura política en tu literatura? ¿Has puesto un límite alguna vez?
—No me considero un hombre político. No pertenezco a ningún partido, no milito en ninguna organización. Tengo un pensamiento humanista, progresista, con mucha simpatía por la izquierda, la derecha incluso me parece estéticamente desagradable.

Soy más un heterodoxo que un militante, y desde esa heterodoxia he tratado de escribir mis libros, viendo una realidad en la que las lecturas políticas existen, pero no son protagonistas.

—¿Cómo logras aquello, por ejemplo, en una novela que habla sobre Trotsky?
—En una novela como “El hombre que amaba los perros”, por supuesto, hay elementos de la política que son muy visibles porque Trotsky era un político las 24 horas del día, y 25 si era posible.

Inevitablemente hay una mirada política respecto a algunos elementos de la vida, de la sociedad; sin embargo, yo creo que en mis libros lo político no puede, o no debe, determinar la visión de los fenómenos; puede, en cambio, sustentarla, estar debajo de lo que presento como la historia de una sociedad, de unos personajes.

—¿Por qué consideras a la derecha estéticamente desagradable?
—Categorías estéticas como lo bello o lo feo son totalmente subjetivas, y lo afirmo desde esa subjetividad: creo que sus principales representantes son desagradables.

Estimular y propiciar la lectura en los niños es sembrar  para una sociedad más libre y de mayor desarrollo, dice.

Estimular y propiciar la lectura en los niños es sembrar para una sociedad más libre y de mayor desarrollo, dice.

CINE

— La serie de películas basada en tus novelas, “Cuatro estaciones en La Habana”, ganó el Premio Platino a Mejor Miniserie. Estuviste a cargo del guión, ¿cómo fue mutilar tus novelas para convertirlas en audiovisuales?
— Fue terrible, pero asumes, desde antes de empezar, que el traslado de la literatura al cine es traumático, y que estás haciendo un ejercicio en el que no solo hay un cambio de lenguaje, sino, un cambio de forma de representación artística.

Cuando escribo una novela, un adjetivo puede ser la causa de 10 minutos de reflexión. Cuando escribo un guión de cine, el adjetivo no existe, hay que encontrar la acción o la descripción de un ambiente que sea capaz de sugerirle al director ese adjetivo que no has escrito porque no es apropiado en un guión.

Se trata de un ejercicio creativo de servicio. Hay dos instancias por encima de ti que toman las decisiones finales: el productor y el director.

— ¿Te gustó el trabajo de estas dos instancias?
— Sí, estoy muy satisfecho con el resultado. Sentimos que si las películas hubieran tenido 100 minutos en lugar de 90, hubiéramos podido regodearnos un poquitico en el mundo de Conde (el protagonista); pero los formatos para la producción nos obligaba a ceñirnos a esos tiempos.

—Mencionabas que en tus novelas lo policial es una forma de hacer literatura, ¿sientes que esa literatura se pudo trasladar?
—Creo que lo esencial sí ha pasado a las películas, en una forma diferente, claro, pero creo que esa melancolía, ese desencanto de Conde en una sociedad cubana, que tiene sus luces y sus sombras, se ha podido trasladar.

TIEMPO

—Cómo te va con el trajín de las ferias.
—Las ferias del libro, en general, no me gustan; pero son un mal necesario. Mucha gente que nunca se acerca a los libros lo hace a través de las ferias e incluso, a veces, hasta los compran.

Mi relación con las ferias es tal que voy a las actividades que tengo, entro, salgo, y jamás compro un libro. Cuando quiero comprar un libro me voy a la librería.

—Tienes 61 años y eres considerado uno de los más leídos de tu generación, ¿qué planes tiene Leonardo Padura?
—El hecho de ser un escritor leído y difundido me ha complicado la existencia. Hoy estoy en Lima, en 15 días estaré en Brasil, en 25 en la feria de Guayaquil, dentro de mes y medio estaré en Nueva York, luego en México, y eso me resta un tiempo importante para la creación, que para mí es lo más importante y decisivo.

Lo que yo esperaría es tener tiempo para poder escribir más. Como dijo Hemingway en alguna entrevista, tengo algunas historias muy buenas que quiero contar todavía.