Los buitres del Almirante

Rendirle honores al soldado desconocido es honrar la memoria de miles de peruanos que dejaron sus vidas en defensa de la patria y cuyos nombres y apellidos no aparecerán jamás en los libros de historia. Pero resulta injusto cuando el racismo le niega la gloria a los perfectamente identificados que no encajaron en el Perú oficial.

El mítico Huáscar hundiendo a la Esmeralda chilena el 21 de mayo de 1879 en Iquique.

ERNESTO TOLEDO BRÜCKMANN

El combate de Angamos, del 8 de octubre de 1979, inmortalizó la imagen de Miguel Grau Seminario hasta erigirlo como el más grande héroe nacional. Pero la historia la hacen también personas corrientes y humildes como las decenas de afroperuanos que, a bordo del monitor Huáscar, se enfrentaron a la escuadra chilena en la guerra del Pacífico.

De acuerdo con el desglose histórico encontramos entre los 200 tripulantes del Huáscar, alrededor de un 40% de afroperuanos; muchos de ellos pertenecientes a la Columna Constitución y al Batallón Ayacucho N° 3, conformado por infantes del Ejército Peruano entre clases y soldados, de los cuales sobresalían los fornidos y altos negros.

Aquellos marinos afroperuanos asumían la jefatura de Manuel Arellano, quien animaba a sus compañeros con la arenga: “¡Arriba, mis buitres!”, lo que éstos respondían entre vivas y arengas: “¡Entre gaviotas y patillos, he aquí presentes los cóndores peruanos!”

Los marineros del Huáscar, que acompañaron al ínclito Grau hasta su inmolación.

Los marineros del Huáscar, que acompañaron al ínclito Grau hasta su inmolación.

Una anécdota poco difundida es la de un marinero de raza negra, quien llamaba la atención por su elevada estatura y su constante indisciplina. Tras una llamada de atención el marinero desparramó deliberadamente el agua del trapeo a los pies de Grau. La tripulación se asustó al pensar que la agresión conllevaría a una gresca generalizada. Sin embargo y pese a todo pronóstico, el almirante coge del cuello al marinero mucho más corpulento que él y lo levanta en peso; tras mirarlo fijamente a los ojos, el moreno grumete se puso a llorar tras pedir perdón. Luego de unos minutos, los otros oficiales le preguntaron sobre cuál sería el castigo para el tripulante malcriado, a lo que Grau les responde: ya tuvo su castigo…. déjalo.

El incidente no llegó a mayores pues fueron muchos los afroperuanos que dieron su vida por defender al Perú. Su contribución y sacrificio, sin embargo, pasaron desapercibidos.

El último sobreviviente del Huáscar fue el grumete Alberto Medina Cecilia, otro afroperuano que pese a pelear junto a Miguel Grau, nunca consiguió acceder al rango de héroe.

Miguel Grau

Aquellos negros “chivillos” o “buitres”, como se les decía comparándolos con los pájaros oscuros y carroñeros, cumplieron un papel protagónico a bordo del Huáscar y debido a su numérica presencia, muchos chilenos llegaron a creer que todos los peruanos eran negros.

Pelear codo a codo con héroes reconocidos por la Historia oficial no les sirvió de nada; su condición de negros en un país racista los privó de la gloria merecida. La historia prefiere mencionar a los 21 tripulantes extranjeros del Huáscar, entre ingleses, alemanes, griegos, noruegos y franceses que fueron contratados como artilleros; la patria le cantará a la treintena de marinos con rango de oficiales de mar y para ser inclusivos, siquiera se hablará de 29 infantes del Ejército Peruano entre clases y soldados. Pero en la memoria colectiva ya no hay espacio para negros. Con suerte al grumete Medina, tras morir pobre en 1948, se le levantó un busto en el cementerio Baquíjano del Callao, se le puso su nombre a un colegio, una urbanización y un equipo de fútbol.

El Perú todavía era una sociedad fragmentada, su mandatario fugó del país. Todo eso, poco o nada le importó a los afroperuanos que dejaron sus vidas por la patria que los humilló.

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